Yo tenía sed y me diste a beber

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Ando bien cansada por la labor de los últimos días de recoger y preparar comida para los inmigrantes, que se encuentran atrapados en el viaje peligroso desde Centroamérica y por todo México para llegar al norte. Siempre es una cosa buena, darle de comer a los que pasan hambre. La experiencia me ha hecho reflexionar sobre la frase “darle de comer a los que pasan hambre”.

En la Biblia, Jesucristo cuenta de Lázaro el hombre pobre, cuidado en el cielo mientras que el rico queda sufriendo de sed. Dijo a algunos de los “hombres justos” que aquellos serán salvados quienes “me dieron a comer cuando yo tenía hambre”. Los hombres “justos” le preguntaron, “Señor, ¿cuándo lo vimos con hambre?”. Jesucristo contestó “cuando los más humildes de mi pueblo pasaban hambre, ahí estaba yo”.

Pero no creo que Jesucristo se refería simplemente a la caridad. La existencia de tantos millones atrapados en la dimensión explorativa de la economía debe causar que las naciones del mundo repiensen lo que están haciendo. Creo que esto fue lo que Jesucristo quiso decir con su mensaje.

Cuando los economistas presentan sus reportes sobre el estado de la economía, o cuando los políticos publican sus programas económicos, es muy inusual que se mencionen las aportaciones y el papel de los obreros migrantes. Pero el trabajo de estos millones es una parte importante de la economía global.

De verdad, la mano de obra migrante e indocumentada es el secreto sucio de la economía global. Por el método de no prestar atención al papel de esta fuerza laboral, las naciones evaden la necesidad de bregar con las consecuencias de las políticas comerciales que desplazan a millones de obreros, obligándoles a viajar a los países del norte para poder apoyar a sus familias.

Haciéndose de la vista gorda a la fuerza laboral inmigrante, las naciones pueden aprovechar de la mano de obra barata y desprotegida cuando les conviene, y botarla cuando ya no les conviene, o sea cuando ya somos demasiados y nos perciben como una amenaza de “cambiar el color” de las naciones prósperas.

Jesucristo nos pide darle a comer a los hambrientos para que reconozcamos su realidad y las consecuencias de políticas que hacen los ricos más ricos y los pobres más pobres.

Esto me lleva al tema de la decisión del presidente Obama de conceder aplazamientos de sus casos a personas que vinieron a los Estados Unidos antes de cumplir 16 años de edad. Esta política nueva entra en vigor el 15 de agosto. Esta concesión de parte de Obama es una victoria para nuestro movimiento.

Pero se debe preguntar ¿Por qué no se concedió lo mismo a padres indocumentados de ciudadanos estadounidenses? El movimiento sí logró ganar una concesión, estos padres y estas madres pueden solicitar la discreción procesal de cerrar sus casos. Pero ¿por qué fue que el presidente Obama no les permitió pedir un aplazamiento y un permiso para trabajar?

La respuesta es que el presidente dijo que estaba concediendo una oportunidad a jóvenes traídos a los Estados Unidos por sus padres, pues “no tienen la culpa” por los pecados de sus padres.

En otras palabras, el presidente todavía no acepta la responsabilidad para el sistema de mano de obra indocumentada de la cual los Estados Unidos ha ganado millones de dólares, a cambio de un precio alto a las familias atrapadas en aquel sistema.

Jesucristo nos manda darles de comer a los hambrientos. El hombre rico no entendió el punto, hasta, cuando el mismo pasaba sed, pudo ver a Lázaro satisfacer su sed en el paraíso.

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