Sobreviviente de East Harlem batalla por vivienda

Desde la tragedia, Carlos Pérez pernocta en la fábrica de pianos donde trabaja para que otros damnificados más necesitados se beneficien de las alternativas que ofrece la ciudad

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Sobreviviente de East Harlem batalla por vivienda
Al reflexionar sobre las lecciones de la tragedia, Pérez indicó que aprendió a no apegarse a los bienes materiales.
Foto: EDLP / Humberto Arellano

NUEVA YORK — Lo primero que Carlos Pérez hace cada día es darle gracias a Dios por haberlo salvado de la trágica explosión del miércoles pasado en El Barrio, en la que murieron ocho personas. Lo segundo que pide es que las autoridades de la ciudad le ayuden a conseguir una vivienda para recomenzar su vida.

Pérez (48), que compartía con un amigo un apartamento en el edificio del 1046 de Park Avenue, es una de las 200 personas (116 adultos y 84 niños) que se han anotado en los registros abiertos por la municipalidad para obtener una vivienda temporal. En total, 106 apartamentos quedaron destruidos o debieron ser desalojados a causa del derrumbe.

La mayoría de los damnificados han sido alojados por la ciudad en hoteles o refugios municipales en Manhattan, Queens, El Bronx y Brooklyn; esta ayuda se extenderá por tres meses. Aún no se sabe cuándo las familias evacuadas de los edificios linderos a los que se derrumbaron serán autorizadas a retornar a sus apartamentos.

Pérez, al igual que las 16 familias que vivían en los dos edificios colapsados, perdió todas sus pertenencias en el derrumbe. Desde la tragedia pernocta en la fábrica de pianos donde trabaja, en El Bronx. “Rehusé quedarme en un refugio de la ciudad porque pensé que podían darle esa ayuda a alguien que estuviera más necesitado”.

En tono calmado, este dominicano llegado a Nueva York hace casi 30 años reflexiona sobre lo ocurrido. “La lección que me dejó es que uno no debe apegarse a nada material y que, en un segundo, la vida le puede cambiar a cualquiera”, sostuvo.

Aquel fatídico día tenía planeado salir a trabajar a las 10 a.m., pero algo lo “empujó” a salir de su apartamento antes de las 9:30, hora de la explosión. “Me tiré de la cama, cosa que nunca hago, me bañé rápidamente y salí”, señaló a El Diario/La Prensa. Cuando llegaba al trabajo, se enteró por la llamada de un amigo, que su edificio se había derrumbado. Uno de los problemas que enfrenta actualmente es que el contrato de arrendamiento del apartamento no estaba a su nombre sino al de su compañero de vivienda, que salió del edificio cinco minutos antes del colapso.

Pero la oficina del alcalde indicó que la ayuda se dará a todos los damnificados por igual, sin importar quién es el titular del contrato. El único requisito para recibir la ayuda es probar de alguna manera que la persona vivía en uno de los edificios. La ciudad habilitó un centro de consultas cerca del punto del desastre, en La Marqueta, calle 111 y Park.

Parte del afán de Pérez por conseguir apartamento es que su esposa y sus dos hijos, de 3 y 11 años, llegarán de República Dominicana en menos de cinco meses. “Nunca he pedido nada, ahora sólo espero que se me dé lo mínimo, como una vivienda con una renta que pueda pagar”, dijo el hispano.

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