Vendedores callejeros arrecian su lucha

Realizan otra protesta para recordarle al Alcalde y al Concejo sus promeses progresistas a favor de los inmigrantes

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Vendedores callejeros arrecian su lucha
PROTESTA DELOS VENDEDORES POR BROADWAY. FOTO POR VICTOR M. MATOS

Una veintena de dueños de carros de comida y puestos callejeros, acompañados por activistas de la organización Street Vendor Project, volvieron a protestar este jueves por las arcaicas leyes de la ciudad que no permiten ampliar el número de permisos que se dan a estos comerciantes ambulantes. Los vendedores marcharon gritando consignas sobre la avenida Broadway entre los cuarteles 34 y 33, en Washington Heights.

Una protesta similar ocurrió el mes pasado, pero la chispa que desencadenó la nueva manifestación fue el hecho de que al ecuatoriano Hector Palaguachi recientemente unos policías le incautaron su carro por un día. Palaguachi fue finalista del premio Vendy Awards en 2015 como “El mejor jugo Uptown”. El vendedor recibió una multa de $2,000 que se revela a pagar.

El número de permisos que da la Ciudad es de 5,000 por dos años, monto que fue establecido en 1979. Elise Goldin, organizadora de Street Vendor, rama del Centro de Justicia Urbana, contó que la vieja ley se estableció porque entonces los grandes vendedores tenían más poder de presión. “Pero con este gobierno progresista que se preocupa por la inequidad y los inmigrantes, las cosas deberían cambiar”, dijo Goldin.

La activista añadió que sus miembros pagan hasta $71 millones anuales en impuestos, porque la única manera de mantener las licencias es si se pagan los gravámenes.

Matthew Shapiro, abogado de la organización, explicó que los vendedores de comida necesitan dos cosas distintas para trabajar en las calles: una licencia y un permiso para el carro. “Cualquiera puede conseguir una licencia, pero no puedes vender a menos de que tengas un permiso en tu carro. Ese permiso es lo limitado y ahí es donde viene el mercado negro porque la ciudad no los da”.

Shapiro indicó que los vendedores tienen que acudir al mercado negro y rentar el permiso de un vendedor que lo posea desde hace muchos años. “Pagan hasta $20,000 por dos años, a personas que le pagan a la ciudad $200 y que se han mudado o retirado. El sistema es obsoleto”.

La legislación para aumentar el número de permisos y no restringir tanto el accionar de los vendedores no avanza en el Concejo Municipal ni en la Alcaldía. El Diario no obtuvo respuesta sobre el tema de ninguno de los dos entes.

“Estamos esperando desde hace más de un año para que se presente legislación que ayude a esta gente trabajadora, pera nada hasta ahora”, dijo Shapiro. “Hemos conversado con la oficina de la presidenta Melissa Mark-Viverito y con la de los concejales Ydanis Rodríguez y Carlos Menchaca sobre estos temas”.

Consecuencias de no tener permiso

Hector Palaguachi sigue con su trabajo vendiendo los mejores jugos del Alto Manhattan. “Nunca me habían advertido que me iban a quitar el carro”, contó, aunque reconoce que le alquiló el permiso a un señor de “edad avanzada”. “Les mostré la aplicación de la licencia, pero los policías me dijeron que no era válido”.

Otra vendedora ecuatoriana, Carmen Landi de 50 años, ha pagado hasta $2,000 por año para tener el permiso para vender helados en Queens Boulevard. “He pagado varias multas de $75, pero ahora no quiero seguir pagando”. Se considera juiciosa para pagar los impuestos.

La activista Basma Eid de Street Vendor Project indicó que la historia de Héctor no es única. “Algunos son multados por no tener el permiso o son removidos frente a edificios. Hoy visité a un vendedor que estaba a 25 metros de una parada de bus, pero según la ley no puede estar en la misma calle de una parada de bus. Es absurdo”.

Para demostrar lo arcaico de la ley, Eid puso como ejemplos que esta indica que no se puede estar frente a la entrada de un edificio, sino a veinte pies. Critica, además, que los dueños de negocios se molestan con un vendedor que no es su competencia. “Es injusto con gente que trabaja duro para mantener a sus familias”.

Doug Kellogg de la organización  Recupera a NY, opinó que la Ciudad debería dejar que la gente y el mercado decidan que la gente progrese y que “no les prevenga a los emprendedores a crear trabajos a través de un límite arbitrario”.

“Los vendedores callejeros son parte de la cultura de la ciudad y la responsabilidad recae en el gobierno para clarificar y legitimar la seguridad pública o la preocupación por la aglomeración que justifica la existencia del límite”.

Un negocio de millones

  • Los vendedores ambulantes de Nueva York representan 17,960 trabajos
  • Tienen ingresos por $192 millones cada año.
  • Sus ventas se elevan a $292 millones por año.
  • Pagan $71,2 millones en impuestos para la Ciudad.

Fuente: Institute for Justice

 

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