¿Cómo es que unas tostadas de aguacate pueden impedir comprar una casa?

En Australia se desató tremendo debate, luego de que un periodista cuestionara el el gusto por este costoso plato sobre la posibilidad de ahorrar para comprar una casa

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¿Cómo es que unas tostadas de aguacate pueden impedir comprar una casa?

La tostada con aguacate se ha convertido en la dudosa clave para hacer realidad el sueño de la casa propia en Australia, cuyo valor medio es de 1 millón de dólares locales ($762,635), y el detonante de una guerra intergeneracional.

La polémica comenzó cuando el columnista Bernard Salt escribió el fin de semana en el Weekend Australian Magazine que había visto en las cafeterías a jóvenes gastarse 22 dólares australianos ($17) en una merienda de tostadas con aguacate y queso feta.

“No puedo pagar este tipo de almuerzos porque soy un hombre de edad media y mantengo a mi familia”, dijo este representante de la generación de los “Baby Boomers”, nacidos después de la Segunda Guerra Mundial, y que en su juventud lograron comprar enormes casas con jardín en Australia.

Salt se preguntó: “¿cómo puede permitirse la gente joven comer esto en lugar de ahorrar esos 22 dólares varias veces a la semana para tener el depósito de una casa?”.

La columna desató en seguida una tormenta en las redes sociales y las críticas de la generación del Milenio, nacida entre 1980 y 2000, acompañadas de etiquetas como #SmashedAvo #myRightoBrunch (Aguacate aplastado y Mi derecho a almorzar).

“Esta mañana me salté mi aguacate aplastado en el desayuno. Emocionado por comprar mi casa la próxima semana”, ironizaba en un tuit, Tony Broderick.

“Bernard Salt tiene toda la razón. Solo renuncia a 22 dólares a la semana y tendrás el depósito de tu casa en Sidney en 175 años”, comentaba en otro, Kyle Sheldrick.

La controversia ha sido aprovechada por los restaurantes que ofrecen menús como “Plan de Retiro” o “Avonomics”, contracción entre avocado, el nombre de la fruta en inglés, y economía.

También por los bancos, que han iniciado campañas de préstamo para vivienda.

Pero sobre todo, ha avivado el debate sobre el alto coste de las viviendas en el país, agravado por la fuerte presencia de inversores extranjeros en el mercado inmobiliario, lo que retiene a muchos jóvenes en casa de sus padres o les empuja a comprar propiedades entre varios.

Según un reciente informe del banco de inversiones globales UBS, el incremento del coste de las viviendas en Australia alcanzó un nuevo récord mundial en los últimos cuatro años superado únicamente por los de Nueva Zelanda.

Así, el precio de la vivienda en Australia está un 7 por ciento por encima de sus picos previos alcanzados en 2003, 2007 y 2010.

Hace cuatro décadas, el precio máximo de una casa era de 28,000 dólares locales ($21,354) y desde entonces ha aumentado más de 30 veces, mientras que los ingresos solo se han multiplicado por diez, según la consultora de investigación social McCrindle.

Para comprar una vivienda en Australia, se necesita, al menos, un depósito inicial del 20 por ciento, por lo que, según los cálculos, haría falta dejar de comer unas 9,100 porciones de tostada con aguacate para compensar.

Si la frecuencia de consumo de esta merienda en restaurantes es de una semana, el tiempo necesario para cubrir la cuota inicial resulta en 175 años.

En defensa de los jóvenes de la generación del Milenio, la columnista Bridget Delaney escribió esta semana en la edición australiana de The Guardian que detrás del salir a comer fuera, hay el intento por tener una cierta calidad de vida.

“Los brunches (contracción en inglés entre desayuno y comida) son el opio de las masas. No vamos a tomar brunches en lugar de comprar casas. Vamos porque no podemos pagar una casa”, dijo Delaney que señaló con ironía que los jóvenes analizan los precios en cafeterías de la misma manera que los “baby boomer” en el mercado inmobiliario.

A la polémica se unió un conocido inversor inmobiliario, Andrew Morello, que en el portal news.com.au llamó a mentalizarse y “comenzar a planificar para el futuro y hacer algunos sacrificios”.

“La palabra sacrificio asusta a nuestra generación muy a menudo, pero en realidad no es tan terrorífica como parece”, dijo el empresario de la generación de los “baby boomer”, propietario desde los 18 años.

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