El Mar de Ross se ha convertido en la reserva marina más grande del planeta

Después de mucho tiempo de arduas negociaciones, este sitio se ha convertido en el santuario de este tipo de especies más importante del mundo

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El Mar de Ross se ha convertido en la reserva marina más grande del planeta

Años de extendidas conversaciones valieron la pena.

Delegados de 24 países y de la Unión Europea acordaron este jueves que el Mar de Ross, en la Antártica, sea la reserva marina más grande del mundo.

Alrededor de 1.570 kilómetros cuadrados del océano Antártico obtendrán protección de la pesca durante los próximos 35 años.

Ambientalistas celebraron la medida para proteger lo que se considera el ecosistema marino más prístino de la Tierra.

Creen que será la primera de muchas zonas resguardadas en aguas internacionales.

En una reunión celebrada en Hobart, Australia, la Comisión para la Conservación de la Vida Marina y los Recursos de la Antártida (CCAMLR, por sus siglas en inglés), decidió por unanimidad designar el Mar de Ross como zona protegida.

La medida llegó después de cinco años de largas negociaciones, expresó el canciller de Nueva Zelanda, Murray McCully.

El Mar de Ross, más su plataforma y talud, representan tan solo el 2% del océano Antártico, pero albergan al 38% de la población mundial de pingüinos de Adelia, el 30% de los petreles antárticos y alrededor del 6% de las ballenas enanas de la Antártica.

La región es relevante para el resto del planeta porque de allí, surgen nutrientes que provienen de las aguas profundas y que se transportan a través de las corrientes alrededor del mundo.

El mar de Ross también es el hogar de enormes cantidades de kril, un alimento fundamental de especies como las ballenas y focas. El aceite de estas, a su vez, es crítico para el cultivo del salmón.

Sin embargo, existe la preocupación de que la pesca excesiva y el cambio climático estén teniendo un impacto significativo en el número de estas especies.

La propuesta, introducida por Nueva Zelanda y Estados Unidos, y aceptada por las demás naciones, contempla una protección general de la zona donde nada podrá retirarse, incluyendo la vida marina y los minerales.

Como parte del compromiso que emergió de la negociación, habrá zonas especiales donde se permitirá la pesca de kril y de bacalaos de profundidad para propósitos de investigación.

Diplomacia de “Speedo”

“Estoy absolutamente feliz”, dijo Lewis Pugh, nombrado en 2013 por el programa ambiental de la ONU como el “patrón de los océanos”.

Pugh ha realizado campañas durante años para apoyar la designación de esta zona como una reserva.

“Es el área protegida más grande, tanto de mar como de tierra, es la primera reserva de gran escala en mares profundos, que están muy desprotegidos“.

El defensor de los océanos y nadador realizó una serie de zambullidas en aguas heladas para llamar la atención sobre el Mar de Ross y durante dos años, se involucró en reuniones, conocidas como “diplomacia de Speedo (una marca de bañadores)” con funcionarios rusos para convencerlos del valor de proteger esta zona marina.

Rusia y China

Rusia era el único país que faltaba por sumarse al acuerdo sobre el Mar de Ross en la última etapa de la negociación.

Pero su postura cambió cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, designó 2017 como el “año de la ecología” y el país extendió recientemente una zona de reserva alrededor del archipiélago de Franz Josef en el Ártico.

Una de las preguntas clave en las conversaciones fue cuánto tiempo debía durar el Mar de Ross como área protegida.

China declaró que 20 años era tiempo suficiente.

Muchos ambientalistas calificaron ese periodo como muy corto, al tomar en cuenta la esperanza de vida de las criaturas que habitan allí, como las ballenas.

Al final, las partes acordaron un tiempo de 35 años.

La designación fue bien recibida no solo por quienes le hacían campaña, sino por aquellos con vínculos directos con el mar de Ross.

La familia Ross está eufórica de que nuestro legado haya sido honrado en el aniversario 175 desde que James descubrió el Mar de Ross”, dijo Phillipa Ross, tatara-tatara nieta de Sir James Clark Ross.

Otra de las preocupaciones que retrasaron el acuerdo fue el hecho de que sentara un precedente para otras negociaciones sobre aguas profundas en el mundo, como en el Ártico y en los intentos de la ONU para desarrollar un nuevo tratado de biodiversidad marina.

Lewis Pugh tiene esperanzas de que este sea el caso. Y está dispuesto a seguir nadando hasta que pase.

“Esto representa para mí el primer paso. Volveré a la península de la Antártica para seguir nadando. Quiero seguir viendo reservas marinas”, dijo.

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