El trabajo no acaba con el hambre en Nueva York

El 46% de los adultos que en algún momento del año no se puede permitir comer tiene un empleo

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El trabajo no acaba con el hambre en Nueva York
La lucha por el aumento al salario mínimo en NY empezó en 2012.
Foto: Archivo / Impremedia

Desde el final de la recesión el término “trabajador pobre” se repite con frecuencia y por ello muchos se han lanzado a las calles en todo el país para pedir un aumento del salario mínimo que les permita cubrir sus necesidades más esenciales. Aunque ha habido un cierto éxito en la lucha de Fight for $15 y progresivas subidas del pago mínimo, hasta donde llegan las últimas estadísticas de Hunger Free America, el hambre fue una realidad en 2015 para casi la mitad de los residentes en edad de trabajar.

Según esta organización muchos neoyorquinos cobran un salario mínimo que equivale a unos ingresos de $16,380 anuales en una familia de cuatro personas, por debajo del umbral de la pobreza, y algunos trabajadores cobran ilegalmente menos. Como resultado, entre 2013 y 2105, 864,053 residentes del estado vivían en hogares donde al menos había una persona trabajando pero aún tenían inseguridad alimentaria (la palabra con la que se define la imposibilidad de tener un acceso seguro a una cantidad asequible y nutritiva de comida). Uno de cada siete niños en el estado malviven con esa triste realidad.

Solo en la ciudad de Nueva York poco menos de 425,000 personas vivían con inseguridad alimentaria en un hogar en el que al menos una persona trabajaba en ese mismo periodo. Los padres de uno de cada cinco niños saben que sus hijos están pasando hambre en algunos momentos y no pueden mitigarlo. Eso ocurre en la misma ciudad en la que alquilar un apartamento en Queens tiene un precio medio de $2,986 y de $4,223 en Manhattan. Un contraste y una muestra del problema que hay en muchos hogares que tienen que decidir si poner comida en la mesa o pagar sus facturas.

Joel Berg, presidente de Hunger Free America explica que a pesar de la subida de salarios el año pasado tanto la ciudad como el estado “hacen frente a una epidemia de hambre entre los trabajadores. Dado que estas cifras corresponden al siglo XXI y a una gran ciudad de una gran potencia económica Berg no duda en tildar las cifras como “imperdonables” y comentar que la estructura de poder “está en negación con respecto a ello”.

“Estos datos vergonzantes son la última evidencia de que el sueño americano está en riesgo a no ser que cambiemos nuestras políticas económica en el país”, explica Berg. “Los trabajos que no pagan lo suficiente  son la primera causa de hambre y malnutrición en el país”. “Para los latinos y los inmigrantes, desgraciadamente es una realidad muy frecuente”, lamenta. El Bronx, es el condado donde es más frecuente encontrarse con este problema. El 31% de los residentes en general y el 37% de los menores vivían en hogares con inseguridad alimentaria.

Es algo que se ha visto repetidamente en las manifestaciones por los $15 a la hora. Muchos padres de familias latinos se han unido diciendo que tienen que tomar decisiones difíciles sobre qué priorizar en su hogar: tener un techo encima o comida es una elección tan extrema como comentada en esas manifestaciones de trabajadores. Para Berg la subida del mínimo a $15 la hora en 2018 es un paso correcto en la dirección correcta pero no el único.

Aunque la recesión acabó hace siete años, en lo que se refiere a alimentación suficiente o nutritiva se está a niveles muy similares a los registrados durante esta dura crisis y desde luego peor que antes de esta. La mejora de la economía en 2015 se ha hecho más evidente, como muestra la caída de la pobreza registrada por el censo, pero aún no se tienen datos de cómo afecta a la canasta familiar.

Despensas de comida

Así las cosas, la demanda en las despensas de comida no ha dejado de subir. Según el Food Bank de NYC el 79% de las despensas de comidas y los comedores sociales siguen teniendo cada vez más gente algo que no ha cesado desde 2013. Casi el 49% de ellas se han quedado sin comida a pesar de que dos de cada cinco despensas han reducido la cantidad de comida que dan para atender a más personas. Lamentablemente el año pasado, el 29% de ellas tuvieron que comunicar a quienes llaman “clientes” que no tenían nada para ellos. Es menos que el 37% de 2014 pero aún así más que en 2013.

comedores

¿Qué pasó en 2013? Además de sufrir los efectos de la Gran Recesión se produjo un intercambio legislativo. Se trasladaron fondos de los SNAP (antes llamados cupones de comida) a la financiación de comidas en las escuelas. Eso redujo $18 mensuales como media en presupuestos donde cada centavo cuenta. La situación es que en la ciudad de Nueva York se perdieron $540 millones en beneficios para comprar comida lo cual eliminó 161 millones de comidas al año desde 2013 cuando muchos residentes ya experimentaban en conjunto una falta de 241 millones de comidas.

Los recursos actuales no son suficientes para cubrir esta brecha entre lo que se puede comer con ayuda y lo que se debe.

Desde el Food bank de NY y Hunger Free America se pide al nuevo Congreso que se trabaje para reforzar y ampliar la red de protección social que es el SNAP. “La caridad no es sustituto de una política pública fuerte y la inversión en programas contra el hambre”, dicen desde el banco. Berg pide al presidente electo, Donald Trump, que facilite la creación de trabajos, mejores salarios y mejore la red federal de alimentación. “Como mínimo, esperamos que Trump se comprometa a parar los planes si rumbo del portavoz Paul Ryan para recortar ayuda a americanos vulnerables para poder pagar más recortes fiscales para los megarricos”. “Necesitamos esto para cada niño, mujer embarazada, cada envejeciente….”, enumera.

Elecciones

Ocho de los 10 estados donde más se utilizan los beneficios SNAP (cupones de alimentos) votaron por Donald Trump, según Hunger Free America

 

 

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