En Rikers Island también se puede estudiar

El DOE impulsa programa para que cientos de jóvenes que cumplen sentencia, terminen sus estudios u opten por capacitarse en una profesión

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En Rikers Island también se puede estudiar
Harold Quito, de 22 años, contó cómo pudo alcanzar una certificación como electricista, mientras cumplía su sentencia.

NUEVA YORK .- Más de 1,700 jóvenes de las minorías, entre ellos, un alto índice de hispanos de entre 16 y 21 años de edad que guardan prisión en Rikers Island por diversos delitos, buscan la forma de rehabilitarse para que una vez que recuperen la libertad, puedan reinsertarse en la sociedad.

“Durante los siete meses que estuve en Rikers, obtuve una certificación que me acredita como electricista, con la cual ahora puedo trabajar como contratista privado”, dijo Harold Quito, de 22 años, quien compartió su experiencia con El Diario.

Quito, es neoyorquino, hijo de padres ecuatorianos, es  uno de los jóvenes que se matriculó en el programa que impulsa el Departamento de Educación (DOE) junto con el Departamento de Correcionales de la ciudad de Nueva York para que aquellos que, mientras cumplen su sentencia, aprovechen el tiempo y continúen con su educación o se capaciten en una profesión.

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Cientos de estudiantes de las minorías logran terminar la escuela secundaria u obtener el GED en la East River Academy que opera en Rikers Island. SUMINISTRADA

Ante la ola de críticas que enfrenta al sistema penitenciario de la ciudad, debido al alto índice de violencia, hacinamiento y en sí, el alto costo que representa su mantenimiento, el programa de educación para los jóvenes en prisión, intenta mostrar el lado positivo.

Audiencia en el Concejo Municipal

En el Concejo de la ciudad tendrá este miércoles a las 10 a.m. una audiencia pública en la que los comités de Educación, Justicia Juvenil y Justicia Penal expondrán algunos testimonios sobre los servicios educativos que se ofrecen para adolescentes y adultos jóvenes  que están detenidos.

“En la escuela a la que asistí dentro de Rikers Island, recibí una amplia red de servicios y recursos que me permitió crecer académicamente y concentrarme en la transición hacia la comunidad”, agregó Quito, quien adicionalmente tomó clases para completar la escuela secundaria.

De acuerdo al DOE, en periodo escolar 2015-2016 se matricularon 1,710 estudiantes, mientras que durante el año escolar 2013-2014 inscribieron a 2,516 estudiantes. Los jóvenes en prisión constituyen la población más vulnerable del sistema y por ello se promueven algunas reformas.

La East River Academy (ERA), ubicada en Rikers Island, según  información facilitada por el DOE, “ha adoptado reformas para asegurar que estos estudiantes reciban servicios y educación equitativa”.

Unos de los cambios recientes es cómo conducen las conferencias de padres en ERA. Los estudiantes dirigieron la conferencia de padres (student-led conferences), un nuevo concepto para elevar los estándares académicos, impulsar la participación de los padres y aumentar la responsabilidad de los estudiantes.

“Estamos comprometidos en ofrecer educación de alta calidad a todos nuestros estudiantes. Con el apoyo del DOE, los estudiantes matriculados en East River Academy persiguen un diploma de escuela secundaria o su equivalencia y reciben capacitación técnica en artes culinarias, carpintería, tecnología eléctrica o informática”, destacó la Canciller de Educación, Carmen Fariña.

La Canciller añadió que a la par que se han expandido algunas iniciativas. “Se han hecho inversiones específicas para mejorar la instrucción, aumentar los servicios de motivación emocional y el compromiso de los padres para brindar a los jóvenes, un ambiente de aprendizaje para asegurar una transición exitosa a la universidad o a una carrera”.

El dominicano Alfredo Castro, padre de Jesús Castro de 20 años, actualmente detenido en Rikers evaluó el programa como, “muy interesante, sobretodo porque motiva a los estudiantes a seguir y creen en ellos mismos”.

“Valoramos la iniciativa del DOE porque con la ayuda que facilitan a los jóvenes en materia de educación, vemos que pueden cambiar el curso de sus vidas como personas de bien”, insistió Castro, que trabaja en una tienda de repuestos automotrices y reside en Cypress Hills, Brooklyn.

De su parte, Melissa Hernández, que se desempeña como trabajadora social en ERA explicó que los jóvenes reciben el mismo currículo que el resto de estudiantes en el sistema educativo de la ciudad. Adicionalmente se les da consejería emocional y adiestramiento en otras habilidades y asistencia para conseguir empleo e inclusive a obtener créditos para continuar una carrera universitaria.

Hernández trabaja con jóvenes de entre 18 y 21 contó que al interior de Rikers el programa enfrenta una combinación de actitudes.

“Hay chicos muy entusiastas en regenerarse y querer estudiar y hay otros que se resisten un poco, pero con ellos trabajamos en darles mayor motivación y a la larga cambian y ven que lo que les ofrecemos les va a ayudar”.

Finalmente la funcionaria dijo que luego que los jóvenes salen del sistema, se les da seguimiento, contactando a las agencias a las que se los ha referido, para confirmar que están siguiendo las metas que se propusieron.

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