Cicatrices de la pobreza

El gobierno nos informa que la pobreza se ha empeorado en los últimos años, una novedad alarmante pero no sorprendente dado la crisis económica.

Pero lo mas preocupante es que entre los que no han cumplido 18 años, mas de uno en cinco es pobre. Este dato debería ser visto junto con el desempleo de largo plazo – los que han estado sin trabajo por mas de un año – que esta en niveles que no hemos visto desde los años ‘treinta.

Ambos hechos significan que este estancamiento económico, a diferencia con los demás, dejará una cicatriz. Sentiremos sus efectos años después de la eventual recuperación.

Niños pobres y hambrientos sufren problemas médicos permanentes. No terminan la secundaria y no van a la universidad. Entran su vida adulta sin las capacidades para un buen trabajo. Y es casi imposible corregir esa desventaja después de que asumen las obligaciones de un adulto. Son relegados a una vida mucho menos productiva que lo que hubiera sido posible después de una juventud en mejores circunstancias. La pobreza juvenil, aunque cuando es causada por un deterioro transitorio, tiene consecuencias permanentes.

El desempleo de largo plazo sufre del mismo fenómeno. Los que han estado sin trabajo por mas de un año suelen perder para siempre la posibilidad de trabajar con la misma productividad de antes. Si no pierden ganas de buscar empleo, tienen que superar la sospecha de que sufren de algún defecto invisible que explica porque siguen ocioso. Suelen estar sin trabajo hasta después de la eventual recuperación económica.

Los economistas siempre hablan de ciclos. La economía sube y baja pero con un crecimiento promedio que no cambia con los ciclos transitorios. Quizás es así con ciclos cortos. Pero de vez en cuando llega un shock tan tremendo que reduce para siempre nuestro potencial económico. La crisis de los últimos tres años es uno de esos shocks. Sin duda pasará la tormenta. Pero habrá causado daño permanente.