Contra la impunidad

A veces la justicia tarda en llegar, pero cuando llega se ve que bien vale la pena esperar. Pasaron 35 años de la dictadura militar argentina que hizo desaparecer a decenas de miles de personas, hoy los responsables siguen siendo enjuiciados y condenados a prisión.

Hace unos días concluyó el juicio a los responsables del principal centro de detención clandestino, la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde pasaron cerca de 5,000 personas de los cuales muy pocos sobrevivieron, cerca de 100. Era un centro de torturas, funcionaba una maternidad clandestina que robaba bebés -hoy dos hijos de desaparecidos que nacieron allí son diputados nacionales- y de allí salían los enviados a los vuelos de la muerte, donde eran drogados y arrojados al mar.

La cadena perpetua y las largas condenas a los 18 exmilitares por 85 delitos de lesa humanidad es un duro mensaje contra la impunidad. Este es solo un proceso de decenas que todavía se realizan alrededor de Argentina tanto contra expresidentes militares y altos comandantes, como a torturadores de bajo rango.

El camino para llegar a este camino ha sido tortuoso y repleto de marchas y contramarchas.Es difícil y traumático cuando un país lidia con su pasado. Finalmente los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner revivieron los procesos contra los represores lo que contribuyó a su popularidad y respaldo para permanecer en el poder.

Es lamentable que la senda seguida en Argentina sea la menos común en una Latinoamérica cuya historia está marcada por dictaduras y violaciones a los derechos humanos. Si los dictadores y represores supieran que el poder es finito y que hay una justicia posterior, quizá actuasen de otra manera.

En estos días recorrió el mundo la imagen de la muerte del dictador libio Muamar Gadafi, más de un tirano se habrá estremecido ante el cruento final de quien se creía todopoderoso. Los juicios en Argentina muestran que hay otra maneras de hacer justicia frente al terror oficialista. Una forma que es lenta y compleja, pero que irremediablemente llega con toda su fuerza.

Impremedia/la Opinion