Detecta la violencia económica

México – Gabriela se casó muy joven, de 16 años, dejó la preparatoria y se dedicó por completo a su hogar. Ahora tiene 25 años, dos hijos y un marido con quien, confiesa, no es feliz. “Jamás me ha pegado, pero me controla en todo, siempre me pide cuentas sobre lo que gasto y… me hace sentir muy mal”.

No sólo los golpes y las agresiones verbales son violencia, también existen otras formas de maltrato contra las mujeres, una de ellas es la económica, que surge cuando uno de los miembros de la familia usa el poder económico para provocar un daño a otro.

De acuerdo con el doctor Óscar Galicia Castillo de la Universidad Iberoamericana (UIA), en este escenario las víctimas son privadas o tienen muy restringido el manejo del dinero y la administración de los bienes, con lo que se crea una situación de estrés en la familia, relacionado con los ingresos económicos.

“Las personas que se encuentran en esta situación son obligadas a mantenerse dentro de un esquema de conducta muy rígido, mientras no tengan la capacidad de lograr su independencia financiera”, afirma.

Las formas de violencia económica que se reportan en la mayoría de los casos son: el reclamo sobre cómo gastan el dinero, la prohibición para trabajar o estudiar, la amenaza de no recibir el gasto y que el cónyuge se adueñe de bienes que eran propiedad de ella.

Se ha documentado que la violencia económica es la segunda que padecen las mujeres en 29.3 por ciento, después de la emocional.

A menudo es difícil lograr que la mujer haga algo para detener este abuso, porque creen que su problema no es lo suficientemente serio o dañino como para intentar detenerlo.

El especialista refiere que en la mayoría de los casos las mujeres permiten la violencia económica porque piensan que no son capaces de salir adelante solas. “Muchas veces acaban por creerle a su pareja que nunca lograrán obtener un trabajo, y terminan supeditadas a la autoridad masculina”.

Pero esto no tiene por qué ser así, afirma. Lo primero que tienen que hacer -aconseja el doctor- es valorizarse, creer en ellas mismas y convencerse de que pueden obtener sus propios ingresos.

En el caso de Gabriela, quien dependía completamente de su esposo, hasta hace unos meses, sus circunstancias la obligaron a buscar alternativas de trabajo. “He aprendido a cortar el cabello y hacer otras cosas que me han ayudado económicamente. Aunque me falta mucho por hacer, creo que he dado un gran paso y me siento muy contenta por ello”.

Actualmente existen centros de atención y leyes que apoyan a las víctimas de cualquier tipo de maltrato, pero lo importante es que decidas parar una situación perjudicial para ti y tu familia. La ayuda está al alcance.

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