Fiel a la tradición del Santo Rosario

Ramona Robles ha dedicado gran parte de su vida rezando por vivos y muertos

NUEVA YORK – Vestida con una camiseta con la imagen estampada de la Virgen del Perpetuo Socorro, Ramona Robles, de 64 años, entra a la funeraria Rivera de El Bronx a dar un servicio que no sólo necesitan los difuntos sino también los vivos: el rezo del Santo Rosario.

De baja estatura, sonriente el rostro, Roble lleva consigo un bultito de mano con todo lo necesario para el oficio de rezadora, un oficio que ella ejerce sin cobrar un centavo: rosarios, el libro de los finados: “Yo soy la resurrección y la vida”, y el Santo Rosario de la Virgen.

Aunque desde niña iba a la iglesia con sus padres, fue a raíz de la muerte de su madre, Rosalina Aquiles, en 1959, cuando descubrió la belleza y la grandeza espiritual que contiene el Santo Rosario y decidió aprenderlo y rezarlo como un acto de amor al prójimo.

“Mi mamá me enseñó a rezar el Santo Rosario, ella era muy católica y le limpiaba la iglesia a los sacerdotes y le rezaba también a los difuntos”, dijo Robles. “Mi mamá murió de parto cuando tenía 42 años de edad. Yo tenía entonces 12 años y a ella le hicieron el funeral con el rosario cantado en Puerto Rico y eso me dio aliento y me encantó, y de ahí me nació la devoción por el Santo Rosario”, reveló.

A los 15 años de edad, Robles se casó y dejó de rezar pero su vocación de rezadora la impulsaba a visitar las funerarias y alentar a los dolientes aunque no fueran familia de ella, y cuando ingresó al grupo católico de los Carismáticos le pidió a Dios que le volviera a dar el don de rezar “y Él me lo concedió”.

“No sólo se reza por el muerto, nosotros tenemos que rezar por los que estamos vivos, y yo lo hago por fe y por amor”, dijo Robles. “También llevo mi rosario a los que están enfermos y a los hogares que están tristes”, agregó.

A través del rezo del rosario se conmemoran los cinco misterios principales de la vida de Jesucristo y de la Virgen, recitando después de cada uno un padrenuestro, diez avemarías y un gloria.

“Yo comienzo el rosario ofreciéndolo por la paz mundial, la paz de los hogares, por los jóvenes drogadictos, etc., para que la Virgen interceda ante nuestro Señor Jesucristo para que tenga compasión de todos nosotros”, dijo Robles. “Luego comienzo con el primer misterio, y termino con el Credo y la oración a la Virgen Santa María”, explicó Robles.

Robles ya ha perdido la cuenta de cuántos rosarios ha hecho en su vida, pero asegura que son muchas las personas que la telefonean para que oficie esta costumbre católica.

“Cuando yo llego a los hogares me presento como Ramona, una hermana más en Cristo, y le pido a los que no saben rezar que escuchen en silencio, y a los nueve días, cuando termina el rosario, me doy cuenta que ya se lo han aprendido”, dijo Robles.

En este mes de octubre se reza el rosario familiar y Robles lamentó que en esta época “ya nadie quiere rezarlo”.

“Los jóvenes de ahora no están aprendiendo el rosario como nos lo enseñaron nuestros padres, con fe y amor, y yo creo que la costumbre se está perdiendo”, dijo Robles.

Sin embargo, Robles consideró que en muchos hogares católicos todavía sigue viva la costumbre ya que muchas familias la practican en la intimidad del hogar.

“Yo no creo que el rosario sea una tradición, sino un acto de amor al prójimo, un acto muy importante para nosotros los católicos”, dijo Robles. “Yo lo rezo en unos 35 minutos y en los hogares suelen brindar café, galletas, soda y chocolate”, indicó.

En la Conmemoración de los Fieles Difuntos, popularmente llamada Día de Muertos o Día de Difuntos, Robles visita el cementerio St. Raymond de El Bronx, reza en la tumba de su esposo, Heriberto González, quien pereció hace cinco años de cáncer.

“El fue muy buen esposo y yo siempre lo pongo en mis oraciones”, dijo Robles.