Filosofando desde Texas a Nueva York

Eric Anthamatten inculca en sus alumnos que se involucren en la política

El mensaje que inculca en sus alumnos es claro: Que se involucren políticamente, que desarrollen un pensamiento propio y que cuestionen aquellas cosas que se les presentan como verdades absolutas. “Doy clases a gente joven, de entre 18 y 22 años y lo que me gusta es sacudirlos un poco; sacarlos de esa zona confortable en la que muchos se refugian y desafiarlos a que piensen todo de otra manera”.

Quien habla es Eric Anthamatten un profesor de filosofía de 33 años que enseña dicha disciplina en la Universidad New School, entre otras. Como para que sus estudiantes vean que no se queda en la retórica, Eric decidió llevar a un grupo al parque Zuccotti, el epicentro de las protestas contra la avaricia de las corporaciones, la falta de equidad y las fallas estructurales del modelo capitalista.

Vestido de predicador, con carteles inscriptos con salmos burlones dirigidos a los ‘amasadores de fortunas’, Eric pasó casi 4 horas entre los manifestantes tocando su tambor y hablando con quien quisiera oírlo como la cadena Al Jazeera que lo entrevistó.

Entre quienes lo escuchaban dialogar con el canal de Qatar estaban sus alumnos y algunos de sus profesores del doctorado –también en filosofía– que piensa concluir el año entrante. “La verdad es que éramos una linda mezcla”, comenta con orgullo.

Así, amalgamadas, inseparables una de la otra, concibe estas dos experiencias la enseñanza y el aprendizaje y todo lo que hace, que es mucho, tiene que ver con alguna de las dos.

Nacido en East Texas, en la localidad de Dickinson, dice haber heredado de su madre, la mexicana María Domínguez, el amor y la devoción por enseñar y el talento actoral que aplica cuando dicta clases. “Ella fue maestra de 3er. grado por mucho tiempo y además le encantaba actuar. Me leía los cuentos de Dr. Seuss o de Shel Silverstein y ponía voces raras para interpretar cada uno de los personajes”.

Hace media década cuando dejó Texas y vino a Nueva York también trajo otra de sus pasiones: las artes marciales. Aquí en la Gran Manzana saca a relucir el cinturón negro que supo ganarse a los 12 años cuando sus padres, preocupados por su asma y otros temas de salud, lo convencieron de pisar un tatami. Hoy es instructor en una academia del Upper East Side donde enseña karate, taekwondo y judo a pequeñitos desde los tres años que lo llaman Mister ‘A’ e imitan admirados cada uno de sus movimientos.

Entre su rol de profesor universitario –además de New School da clases en el Trinity College, en Hartford– y sus propios estudios de doctorado más entrenar a los pequeños karatecas debería ser tiempo de que Eric cante ‘cartón lleno’, pero no, su filosofía de vida parece ser el estar en constante movimiento. “Hay un hilo conductor en todas las cosas que hago y es mi profundo amor por la educación. Lo siento cuando doy una clase de filosofía y religión o cuando le enseño a un chiquito a pegar una patada o cuando me pongo a trabajar en mi disertación cada mañana”.

El tema sobre el que escribe lo apasiona enormemente desde que era un veinteañero: la situación de los presos. “Me crié en East Texas; un lugar muy racista y creo que eso moldeó mucho la forma en que pienso. Para mí las cárceles son una forma de criminalizar la pobreza. Están llenas de gente que principalmente ha cometido el delito de ser pobre”.

Jovencito, Eric comenzó a enseñar a los presos del complejo carcelario Jester en una zona rural de Texas. “Hay muchos que se oponen a brindarle educación a quienes cometieron un delito pero yo creo que es imprescindible sobre todo para aquellas personas que cometen crímenes relacionados con el abuso de drogas que es la mayoría”.

Aquí en Nueva York Eric es una cara familiar para los presos de la cárcel Arthur Kill, ubicada en Staten Island. “Mayormente he trabajado con muchachos que estaban a poco de lograr su libertad. Leemos a Foucalt, a Aristóteles y a Platón. Muchos se sorprenden de ver que hay cosas que ellos piensan y que ya las decían estos señores hace cientos de años. Intentamos darles herramientas más valiosas que un GED. Queremos que estos jóvenes estudien y logren créditos académicos que después les sean reconocidos en Universidades”, explica.

A lo largo del camino Eric se topa con muchos incrédulos. “‘Así que enseñas filosofía, ¿y eso para qué sirve? ¿Es útil para algo?,’ me preguntan. Creo firmemente que sí, que la filosofía puede en muchos casos devolver el gusto por la vida y a diario mis alumnos me lo confirman”.