Haciendo justicia, granito a granito

El ruido es el usual de un café concurrido a media mañana: gente pidiendo lattes y capuchinos, páginas de diarios que se dan vuelta y la conversación trivial de cómo continuará el día de ahí en más. Pero en una de las mesas de este cafecito de Chelsea, dos personas hablan de algo doloroso y profundo que podría afectar el destino de un país al que adoran y en el que quieren que se haga justicia: Guatemala.

“El proceso contra Efraín Ríos Montt está un poco atascado porque negaron su extradición a España donde la Audiencia Nacional lleva el caso por delitos de genocidio, torturas, asesinato y detenciones ilegales”, explica ella refiriéndose al dictador que gobernó Guatemala durante 16 meses, tiempo que le bastó al General para barrer con comunidades campesinas mayas que fueron exterminadas por el ejército que lideraba. “Pero tiene pedido de captura internacional así que está como preso en Guatemala porque si llega a salir del país, ¡pum! lo agarran”, dice él apretando una mano contra la otra.

Quienes dialogan son el guatemalteco, Fredy Peccerelli, 40, que dirige la Fundación de Antropología Forense de Guatemala y la documentalista americana Pamela Yates, 59 que se enamoró de ‘Guate’ y su gente en los 70’s cuando su trabajo como sonidista la llevó a Centroamérica.

Además del profundo cariño por esa tierra tan colorida como sufrida Pamela y Fredy tienen muchas otras cosas en común: ambos desempeñan un rol primordial en Granito: cómo atrapar a un dictador el documental dirigido por la propia Pamela que narra no solamente la negra y cruenta historia de Guatemala si no la lucha actual por denunciar y ajusticiar a los militares, policías y miembros de escuadrones especiales responsables de masacrar a aproximadamente 200,000 personas en zonas rurales y en la propia Guatemala city.

Una poderosa imagen de la película muestra a Fredy en el cementerio La Verbena, al oeste de la capital, montado en un arnés y descendiendo más de veinte metros para internarse en las profundidades de la fosa común donde fueron arrojados los cadáveres de miles de desaparecidos. “Exhumamos más de dos mil cuerpos y ahora estamos analizando el ADN de algunos para devolverles la identidad que perdieron”, explica el antropólogo ya sin el traje especial para la ‘bajada’ con el que se lo ve en el film. “Llevará tiempo pero confiamos en que tendremos éxito; se lo debemos a las nuevas generaciones que quieren saber qué pasó exactamente con sus familiares”.

Cuando uno habla, el otro asiente y a veces hasta se terminan mutuamente las frases; Pamela y Fredy parecen amigos de toda la vida pero se conocieron hace sólo unos años en Madrid cuando ambos fueron citados a declarar como testigos ante la Audiencia Nacional de España. Granito documenta la presentación de sus testimonios y evidencias, una de ellas la entrevista frente a frente que realizó una Pamela jovencita de cara lavada y con el cabello recogido, al mismísimo Ríos Montt donde lo increpa sobre su rol como instigador de las masacres. “Ese intercambio es justamente una de las pruebas más sólidas de que él sabía exactamente lo que sucedía en su país y bajo su gobierno”, comenta Pamela.

Infatigables, valientes y apasionados por lo que hacen Pamela y Fredy se definen a ellos mismos como granitos de arena en el gran esfuerzo colectivo por terminar con la impunidad y lograr que paguen, uno a uno, los culpables de tanta atrocidad. De ahí el nombre de este documental que acaba de comenzar a exhibirse en el Cinema Village de la calle 12, en Manhattan. “Realmente esperamos que lo vea la mayor cantidad de gente así que también está disponible para mostrarse en escuelas y organizaciones comunitarias”, afirma la directora.

Es alto el contraste entre verlos en el film, rodado casi íntegramente en el Departamento de Quiché y el triángulo Ixil, y ahora aquí en la sofisticada y caótica Gran Manzana, donde Fredy vino justamente por el estreno del film. Pero Nueva York está íntimamente ligada a estos dos personajes. “Siempre soñé con vivir aquí. De adolescente escuchaba todos los días programas neoyorquinos con una radio transistor y sentía que era mi lugar. Un día cuando tenía quince me fui de mi casa en la montañas apalaches de Pensilvania y me vine”, comenta Pamela.

Fredy tenía 9 cuando su familia recaló en El Bronx huyendo de las amenazas que recibía su padre a quien tachaban de comunista en algunos círculos de Guatemala. Fue aquí, estudiando antropología en el Brooklyn College, que se interiorizó sobre el pasado violento de su país y decidió regresar. “Es irónico pero fue acá en NY que tomé la decisión de reconectarme con lo mío y hacer algo por Guatemala”.

La libertad de la que gozan Ríos Montt y otros de los acusados les provoca indignación pero se ve mitigada con cada función de Granito. “Quisiéramos verlos tras las rejas pero mientras tanto exponemos lo que sucedió y eso ya es una forma de hacer justicia”, dice Pamela.

Trailer de Granito:

skylightpictures.com/films/granito