Hispanos comparten amor maratónico

Un matrimonio que ha participado en el Maratón de NY inculca pasión por el ejercicio a familias latinas

Nueva York – El matrimonio de Lina y Juan Carlos González se ha consolidado no sólo por el amor que se tienen uno al otro, o por la hija que les nació hace nueve años.

Esta pareja de hispanos, con más de 13 de años de casados, tiene otra cosa en común que los mantiene hoy más unidos que nunca: la gran pasión que comparten por correr maratones.

En el 2010 Lina, colombiana de 39 años y Juan Carlos, dominicano de 43, corrieron juntos, por primera vez, el Maratón de Nueva York, una experiencia que califican como “indescriptible” y que les cambió la vida para siempre.

“Fue inolvidable, tanto para ella como para mí. Es un sueño hecho realidad, porque en años anteriores era Lina la que estaba entrenando o era yo el que se preparaba y nunca pudimos hacer una carrera juntos hasta el 2010”, comenta Juan Carlos, quien corrió como parte del equipo Friedman Diabetes Institute.

“El hecho de estar juntos, sabiendo lo que nos esperaba y con todo el frío que hacía, me daba a mí fuerzas para poder terminar con una sonrisa en los labios”, agrega González.

Para su esposa se trató de la culminación de una meta que se habían trazado como familia.

“En la época del entrenamiento, cuando a él le tocaba correr, mi hija y yo íbamos en bicicleta detrás de él, apoyándolo para que pudiera terminar la distancia que estaba haciendo en esos días”, recuerda Lina, quien participó con el grupo Achilles International, que ayuda a personas con discapacidades.

Si bien el Maratón de Nueva York representó un logro importante para los González como familia, ya ellos habían entrado de lleno, hace varios años, al mundo de las carreras de larga distancia. Pero no se trató de una casualidad, sino de una decisión bien tomada y basada en mejorar la salud de esta pareja que reside en el vecindario de Washington Heights, en el Alto Manhattan.

“Lina empezó a entrenar para su primer maratón que fue en Nueva Jersey en el 2004, porque quería perder peso después del embarazo y así comenzamos a involucrarnos en el mundo de lo que es ser una persona activa. Luego hizo el de San Diego en 2006, y ese maratón nos dio un giro completo, porque nos dimos cuenta que ya esto se estaba convirtiendo en una pasión”, dice Juan Carlos.

Pero, para este hombre dominicano el comenzar a correr también fue un asunto de sobrevivencia, tras ser diagnosticado con diabetes.

“A mediados del 2007 comencé a sentir efectos del estrés de una manera muy fuerte y cuando me di cuenta estaba teniendo problemas cardiovasculares por el estilo de vida que había llevado en los últimos 15 años. Vengo de una familia donde la diabetes y los problemas del corazón han sido fulminantes y varios familiares han fallecido de esos males”, asegura Juan.

“Decidimos que si queríamos mantener una vida saludable, no sólo para nosotros, sino también para nuestra hija Laura, teníamos que hacer de la actividad física un punto extremadamente importante dentro de las cosas que hacíamos. Fue todo un cambio mental, de actitud y de hábitos”, agrega el padre hispano.

Gracias a los maratones, esta pareja tuvo un cambio de vida radical, tanto así que dejaron sus respectivas profesiones como diseñadores para convertirse en entrenadores de ejercicios y guías de salud. Hoy en día Lina trabaja como instructora de caminatas y ciclismo para el Departamento de Parques y Recreaciones de la Ciudad de Nueva York. Juan, por su parte, es un consejero de salud holística y se dedica a prevenir la obesidad en niños pre-escolares junto a la organización Children’s Aid Society.

Este año, a pesar de sus grandes deseos, los González no podrán participar en la edición número 42 del Maratón de Nueva York, que este domingo 6 de noviembre recorrerá 26.2 millas por los cinco condados de la ciudad. Las complicaciones médicas por diabetes del padre de Juan, quien depende de diálisis para poder vivir, no les permitieron poder prepararse y entrenarse a tiempo para la competencia.

Pero, aunque Lina y Juan no correrán, sí estarán presentes en la gran carrera con un numeroso grupo de familias hispanas del área de Washington Heights a las que les están inculcando no sólo el amor por los maratones, sino por hacer ejercicios y mantenerse sanos.

“Cuando uno participa como espectador del maratón por primera vez, y estás allí en vivo, uno ve las historias de algunas de las personas que están participando y te identificas con ellas. Se hace una conexión con esos atletas y los retos que han sobrepasado y uno se puede visualizar haciendo lo mismo”, concluye Lina.

“Que la gente lo viva y lo sienta, porque es una sensación indescriptible. Cuando tu vez a otro ser humano, ya sea en silla de ruedas, o de alta edad, con el cansancio físico que se les nota, sientes una atracción y te ves en los pasos de ellos y piensas que ‘esto yo también lo puedo hacer’”, agrega Juan.

El matrimonio, junto a un grupo de 30 familias estará animando a los corredores del maratón en la esquina de la calle 110 y la 5 Avenida, en el Parque Central de Manhattan, entre la 1 y las 4 de la tarde.

pedro.frisneda@eldiariony.com