Mensaje a Washington: NY no quiere más armas de fuego

Claudia Millan. John Vásquez. Anna Ramlochan. Cada uno de ellos fue valiosamente único para sus respectivas familias y amigos. Pero tienen algo en común: todos son jóvenes que recientemente fueron víctimas de la violencia con armas de fuego.

Tragedias muy frecuentes han obligado a los neoyorquinos a exigir que nuestra Legislatura Estatal promulgue leyes fuertes que ayuden a mantener las armas fuera de las manos de los criminales y controlar el flujo de armas ilegales de otros estados. Por eso resulta alarmante que ahora algunos en el Congreso de EE.UU. quieran socavar estos esfuerzos.

De acuerdo al proyecto legislativo “Ley de Derecho Nacional de Reciprocidad de Portar” (National Right-to-Carry Reciprocity Act), que tiene mucho respaldo en la Cámara de Representantes, y el cual podría ser considerado por el Senado en cualquier momento, estados como Nueva York se verán forzados a abandonar sus propias leyes de control de armas y permitir que los visitantes lleven armas de fuego ocultas si tienen un permiso de su estado de origen.

Muchos estados tienen leyes menos seguras que Nueva York y este enfoque de ‘mínimo común denominador’ para la seguridad pública haría que nuestras calles sean más peligrosas, dificulta la aplicación de la ley, y socava la voluntad de los neoyorquinos expresada a través de sus legislaturas. En pocas palabras, haría a Nueva York más inseguro.

Es por eso que recientemente envié una carta al líder mayoritario del Senado, Harry Reid, y al líder de la minoría Mitch McConnell, instándoles a rechazar esta equivocada legislación. Queremos que el Congreso trabaje para que haya menos personas potencialmente peligrosas en las calles con armas ocultas o cargadas, en vez de socavar los esfuerzos de los estados para detener la violencia con armas de fuego.

Un estudio de 2010 mostró que casi la mitad de las armas que cruzaron las fronteras estatales antes de ser recuperadas en crímenes provinieron de tan sólo diez estados cuyas leyes son relativamente débiles. Esto indica que las débiles leyes de armas en otros estados ya han tenido un gran efecto negativo en nuestra seguridad pública. De hecho, en 2009, más del 92% de las armas recuperadas en crímenes cometidos en Nueva York, vinieron originalmente de otros Estados.

Nueva York exige que cada solicitante de una licencia para portar armas se someta a un examen de huella digital y para verificar si ha tenido antecedentes penales, así como una revisión de sus expedientes de salud mental. Otros estados requieren sólo uno de estos requisitos, y algunos no exigen ninguno.

En Nueva York se prohíbe a toda persona declarada culpable de un “delito grave” la posesión de armas, y se ofrece una amplia discreción a las autoridades en la concesión de licencias. Muchos estados no le dan poder discrecional a las fuerzas del orden para la concesión de permisos a individuos que han sido condenados por delitos violentos.

Si se aprobara esta ley, sería prácticamente imposible para la policía, verificar la validez de los permisos otorgados fuera del estado, ya que no hay una base de datos nacional. Esto permitirá que los traficantes introduzcan fácilmente armas ilegales al Estado.

El flagelo de las armas ilegales nos está robando a nuestros seres queridos y trae la destrucción a nuestras comunidades todos los días. La aprobación de esta peligrosa ley pondría las cosas aún peor y es un desafío al sentido común. El Senado debe rechazar ese proyecto.