‘No está muerta sólo durmiendo’

Nueva York – ” ¡Ay, mi hija querida!”

Así gritó ayer la madre de Jennifer Sosa, la joven hispana de 20 quien falleció el domingo pasado, al entrar a la funeraria en el Alto Manhattan donde su hija estaba recostada en un ataúd.

Parada en frente del ataúd abierto – mirando la cara de Jennifer – su madre Angela Escoto, de 46, dijo: “No está muerta, sólo está durmiendo”.

Jennifer falleció después del accidente automovilístico en el Cross Bronx Expressway en El Bronx, que también dejó a su hermano, Pedro Luis, gravemente herido. Mientras el joven de 19 seguía inconsciente en un hospital en El Bronx, la familia dominicana se reunió ayer en la tarde para despedirse de Jennifer.

La madre de la joven accidentada comenzó a llorar y su abuela oraba en voz alta por encima del cuerpo de su nieta y el salón estalló en llanto. Alrededor del ataúd habían varios ramos de flores, uno de los cuales llevaba un lazo con el mensaje: “te llevaremos en nuestros corazones. Con mucho amor, tu familia”.

Jennifer fue criada junto con su hermano en República Dominica hasta los 11 años, cuando emigraron con su padre a Nueva York. Ellos se criaron entre Manhattan y El Bronx. Jennifer no se graduó de la secundaria y tenía un bebé, Jefferson. Trabajaba en un casino al momento de su muerte. Según sus familiares, ella siempre fue entregada a la familia – era la campeona de su hermano, quien se había destacado como boxeador juvenil, y siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás.

“Ella fue mi corazón”, dijo su primo Leandro Ventura, de 19 años. “Ella era increíble, la mejor persona que conocía. Me cuidaba mi hijo cuando necesitaba ayuda, me enseñó todo lo que sé sobre cómo ser padre. Ella lo daba todo. Para ella la familia era todo”.

Entre las decenas de personas que llegaron a la funeraria por la tarde también estaban varias hispanas jóvenes con el maquillaje escurrido por las lágrimas. Fuera de la funeraria, ellas compartían recuerdos de su amiga.

“La decíamos ‘Pinea'”, dijo Jessica Burgos, de 18 años, “Porque era bajita”, explicó. “Jennifer fue una muchacha fantástica-buena para hablar, para ir a las fiestas. Ella tenía muchas, muchas amigas”.

“Ella no se desprendía de su hermano. Estaba muy orgulloso de él”, agregó.

Otra amiga, Rocío Núñez, de 23, dijo: “Nos conocimos cuando vivía en la 134, vivía en el mismo edificio que mi abuela. Se quedaba a dormir todo el tiempo. Era una niña feliz”.

El padre del hijo de Jennifer no estaba presente, porque según amigos se encontraba en República Dominicana. Los padres de Jennifer planean criar al niño, que tiene un año y medio.

Mientras su familia y amigos velaban a Jennifer, su hermano seguía en cuidados intensivos en el hospital Jacobi Medical Center en El Bronx. En los últimos días, el joven boxeador ha podido mover los brazos y las piernas, según su familia. Sin embargo, su condición sigue crítica y mañana tendrá que tener otra cirugía en la columna vertebral.

La tía, Yolanda Escoto, dijo: “Quiero que escribas que la gente rece por Pedro Luis. Porque la fa mueve montañas. Y porque la esperanza de que sobreviva Pedro Luisa está ayudando a esta familia a superar este trauma”.

Antes de entrar a la funeraria, la tía miró hacia el cielo y expresó: “Esa es mi niña – la bailarina, yo le decía”.

La familia afirmó que Pedro Luis está casado y que su esposa ha recibido una visa humanitaria para venir y estar al lado de su joven marido.