Novio deportado narra su calvario

entrevista exclusiva

NUEVA JERSEY – Humillaciones y hasta la muerte de uno de sus compañeros de pabellón, fueron algunas de las cosas que Rubén Quinteros asegura haber soportado antes de ser deportado a Uruguay el 31 de octubre pasado.

Quinteros, de 43 años, en entrevista telefónica desde Montevideo, relata a este rotativo “los sinsabores y traumas” que vivió desde que fue arrestado, ocho días antes de contraer matrimonio con su prometida, Neida Lavayen, una ciudadana americana de origen colombiano.

“Cuando me arrestaron el 15 de septiembre -en el taller donde trabajaba como mecánico- me esposaron de pies y manos, me empujaron, gritaron y me llevaron al centro de detención de Elizabeth”, dice con tono apesadumbrado.

Fue a poco más de 10 días de estar detenido, que Quinteros dice haber sentido pánico, “cuando un compañero ecuatoriano, que estaba en el mismo pabellón que yo, venía quejándose de dolores en el pecho y sufrió un ataque. Botaba una baba blanca. Lo atendieron en el mismo centro, pero al parecer le colocaron una sobredosis de medicina y se murió en la cárcel y no en el hospital como dicen”.

Según Quintero, a la semana de ocurrida la muerte del compañero, a la mayoría de quienes estaban en el pabellón los deportaron inmediatamente, como no queriendo dejar testigos. “A mi me trasladaron a la cárcel Delaney Hall de Newark. Aunque su prioridad –las de las autoridades de inmigración- era deportarme rápidamente”, asegura.

Con miedo de quedar incomunicado, Quinteros dice que nada de lo ocurrido pudo contárselo a su prometida -ni en las visitas diarias que ella le hacía a la cárcel, ni por teléfono- porque “las llamadas son escuchadas, las conversaciones monitoreadas y si uno dice cosas que van en contra de la cárcel, nos bloquean y dejan incomunicados”.

Quinteros se refiere a la muerte del ecuatoriano Víctor Antonio Ramírez Reyes, de 56 años, que falleció el 26 de septiembre, mientras se encontraba bajo custodia de Inmigración en el Centro de Detención de Elizabeth.

Sobre este caso, el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) dijo oficialmente, que Ramírez Reyes fue pronunciado muerto en un hospital local y que se debió, aparentemente, a un ataque al corazón.

Ramírez Reyes se convirtió en el décimo detenido en morir bajo la custodia de ICE, durante el 2011.

“A los presos nos tratan como animales, escasamente tenemos ropa, no nos dan cobijas, el aire acondicionado es tan pero tan fuerte que se le cala a uno en los huesos y todos terminamos enfermos”, dice el uruguayo.

En cuanto a la comida que reciben, subraya que “es mala y escasa. Lo peor es que en la ensalada encontramos animalitos chiquitos, el arroz está con piedras y algunos alimentos están en estado de descomposición, solo nos daban seis minutos para comer”.

Quinteros fue detenido por haberse quedado en el país, al entrar en el 2003 con una visa Waiver, que le permitía una estadía no superior a los 90 días.

Ni en la cárcel Delaney Hall -con una capacidad para 700 detenidos de inmigración, operada por la Community Education Centers, una corporación privada, con base en West Caldwell, Nueva Jersey- ni de la oficina de ICE, respondieron llamadas de este rotativo para comentar sobre las acusaciones de Quinteros.

Aunque de vuelta en su país de origen, Quinteros dice que se encuentra “muy traumatizado. Yo no soy un criminal y no me puedo quitar de mi mente por todo lo que pasé”.

Un pedido que hace Quinteros es que se le permita volver a Estados Unidos, por la puerta grande “con la frente en alto, yo no cometí ningún crimen, trabajé desde que llegué a ese país, tuve necesidad de quedarme porque tenía que sostener a mi familia”.