Prioridades para el NYPD

La imagen de policías en servicio bailando eróticamente mientras vigilan un multitudinario desfile del West Indies es algo grotesco que muchos neoyorquinos preferirían no ver.

Los agentes del orden deben inspirar respeto y confianza. Punto. Bailar, como pasa en la mayoría de las profesiones, es algo que debe hacerse fuera de las horas laborales.

El NYPD debe dejar en claro esta básica regla entre sus agentes, puesto que no se trata de un caso aislado. El comisionado Kelly lo reconoció ayer, cuando dijo que no es inusual que policías asignados a desfiles se contagien del espíritu festivo.

Pero si es cierto que bailar es inapropiado, mucho peor es la práctica de detenciones agresivas a afroamericanos y latinos. De manera que si lo primero merece un fuerte recordatorio, lo segundo amerita un cambio en el procedimiento y las políticas del NYPD.

El número de detenciones conducidas por oficiales del NYPD aumenta cada año de unos 575,000 en 2009 a más de 600,000 en 2010. Según un reporte reciente del Daily News, 317,000 personas fueron detenidas entre el 1º de enero y el 30 de junio de este año.

Un 85 por ciento de las detenciones involucran a latinos y afroamericanos.

Hace apenas unos días la juez federal Shira A. Scheindlin rechazó la petición del NYPD de descartar una demanda por prácticas racistas, diciendo que el caso “es un asunto de gran preocupación pública… l número desproporcionado de afroamericanos y latinos que quedan enredados en nuestro sistema de justicia criminal, comparado con los caucásicos”.

Quizás este patrón explica el agresivo tratamiento que la policía le dio al concejal Jumaane Williams y al ayudante del defensor de pueblo Kirsten John Foy (ambos hombres de raza negra) cuando fueron tirados al piso y esposados durante el mismo desfile por caminar por una acera cerrada durante el mismo desfile.

Los agentes del NYPD tienen mucho que aprender. Evitar bailes eróticos debe ser parte del código de conducta. Entender, respetar y servir a los residentes de Nueva York, sin importar su apariencia, debe ser una prioridad.