Somos 7,000 millones

En un lugar de Filipinas, India u otro país en el mundo nació el bebé número 7,000 millones, 56 millones más o menos. La precisión no es el caso sino el significado de este número en la historia de la humanidad y el tipo de vida que tendrá el o la bebé.

La cifra es grande y crece aceleradamente. Para algunos es una señal de sobrepoblación mundial, aunque en realidad el problema es de distribución de riquezas, cultural y de falta de atención al medio ambiente.

Las naciones más pobladas como China e India se han embarcado en proyectos de control de natalidad que conducen a un desequilibrio demográfico que refleja los prejuicios machistas arraigados en esas sociedades. Hoy allí hay una cantidad desproporcionadamente mayor de varones que mujeres.

La cuestión cultural también tiene su impacto cuando por motivos religiosos -aunque también económicos- se deja de lado el planeamiento familiar. Esto ocurre en muchos países pobres y en vías de desarrollo que se ven perjudicados por falta de oportunidades. Se anticipa que el mayor aumento de población seguirá registrándose en Asia, África y América Latina.

De esta manera, la migración a los países industriales es una consecuencia de la disparidad de riqueza. Este movimiento humano tiene una función equilibradora porque trae gente joven a las naciones europeas -que reciben estos inmigrantes – y Estados Unidos cuyo promedio de edad de la población es cada vez mayor. En nuestro país los inmigrantes contribuyen con sus impuestos al retiro de los jubilados.

El desafío global es la promoción de un planeamiento familiar, es promover el avance tecnológico y la inversión, el desarrollo para reducir la pobreza. La atención al medio ambiente es vital por su relación con la alimentación y con la geografía habitable de nuestro planeta.

Los números de población son altos, pero el problema no es que hay mucha gente en el mundo sino que las distancias en el desarrollo económico son cada vez mayores.

Impremedia/La Opinion