Héroes desempleados y hambrientos

Con el año nuevo, miles de soldados regresarán de Irak a un país incapaz de emplear al 9 por ciento de su gente, y 12 por ciento de sus veteranos.

Ayer, esfuerzos nobles para paliar la alta tasa de desocupación entre ex miembros de las fuerzas armadas saltaron de diferentes esquinas de nuestro sistema de gobierno.

El Senado federal aprobó ayer el plan del Presidente Obama para ayudar a 900,000 veteranos a acceder programas de adiestramiento laboral y puestos de trabajos en el sector privado. Se espera que la Cámara de Representantes discuta y vote hoy esta propuesta.

En el estado de Nueva York, el gobernador anunció una iniciativa para ayudar a veteranos a recibir créditos académicos en las universidades públicas y para conectarlos con empleos que puedan usar destrezas adquiridas durante el entrenamiento militar.

Tales programas resultan urgentes para veteranos y sus familias. Quizás mucho más para soldados latinos y afroamericanos, cuyas comunidades han sido las más afectadas por la recesión económica.

No hay nada más triste y avergonzante que recibir la noticia de que nuestros veteranos no tienen ni para comer. Esa noticia golpeó ayer a la ciudad de Nueva York: 25% de los hogares de nuestros veteranos tienen dificultad para comprar comida, según un estudio revelado por el New York Food Bank.

Es difícil imaginar una razón por la que alguna legislatura rechazaría una plan para ayudar a los veteranos. Pero con la Cámara Baja tan vehementemente interesada en sólo un puesto de empleo, la Presidencia, es posible que voten en contra de la propuesta.

El Congreso debe pasar hoy la ley de empleos para veteranos del Presidente Obama y darle a los Estados Unidos una razón para celebrar en este Día de los Veteranos.