Muere poeta y profesor puertorriqueño Torres Santiago

Fue columnista de El Diario/La Prensa durante 10 años

NUEVA YORK – La cultura puertorriqueña está de luto. El poeta y catedrático José Manuel Torres Santiago, quien durante diez años fue columnista de EL DIARIO/LA PRENSA, falleció ayer en su ciudad natal de Guayanilla, Puerto Rico. Tenía 71 años de edad.

Torres Santiago nació el 30 de marzo de 1940. Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, y en 1976 recibió el grado de Maestría en Estudios Puertorriqueños del Instituto de Cultura Puertorriqueña en colaboración con la Universidad de Estado de Nueva York, recinto de Buffalo, donde expuso la tesis titulada “Una interpretación política y social de la poesía puertorriqueña”.

Empezó a escribir a los 15 años de edad. En 1962 los poemas “Isla del alma, atormentada doncella” y “Salva erótica” fueron reconocidos y premiados en los certámenes que auspiciaban el Círculo de Humanidades y el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico. Ese mismo año recibió una mención honorífica en el Certamen de Navidad del Ateneo Puertorriqueño por su cuento “Los detenidos”, de temática nacionalista, que se desarrolla en la antigua cárcel de Guayanilla.

Razones de índole político-económicas lo obligaron a emigrar hacia los Estados Unidos en 1975. Ejerció cátedra en el recinto de Hunter College de la Universidad de la ciudad de Nueva York, y dirigió el Departamento de Estudios Negros y Puertorriqueños en dicho plantel universitario. Allí enseñó cursos de cultura, folklore, familia puertorriqueña y cursos sobre los puertorriqueños negros, y descubrió su vocación como maestro.

La poética de Torres Santiago evolucionó desde una temática profundamente ideológica-política que aparece en su primer poemario titulado La paloma asesinada (1967) y En las manos del pueblo (1972), a una poesía más intimista con nuevos motivos y sazonadas experiencias en el poemario Sobre casas de muertos va mi sombra (1988) y en Canciones del amor y la delicia (1999) .

En 1992 publicó Mi abecé, una contribución a la rica tradición de literatura infantil dedicado a sus dos hijos Lin e Iván.