Una ley peligrosa

Cómo puede explicarse sino la propuesta aprobada la semana pasada que amplía a lo largo del país el derecho a portar armas escondidas.

La medida básicamente obliga el reconocimiento recíproco entre los estados de la autorización para portar armas escondidas. En la práctica, esto quiere decir que a una persona de Nueva York que obtiene una licencia de este tipo por correo en Utah, el estado de Florida le debe reconocer el derecho a portar un arma escondida sin importar que el individuo no cumpla con los requisitos de Florida para obtener ese permiso.

Esta ley es una violación al principio de los derechos de los estados que usualmente es tan preciado por los republicanos, excepto cuando se habla de armas de fuego y se quiere congraciar con la poderosa Asociación Nacional del Rifle.

Durante el debate en la Cámara Baja se argumentó en favor de la ley del viejo oeste, en que cuando más armados están los ciudadanos más segura es la sociedad. Hay casos donde un civil armado evita un delito, aunque son muchos más numerosos los hechos donde el fácil acceso a una arma convierte una discusión en una tragedia.

También se argumentó que al igual que otros derechos, como el de la expresión, no debe haber límites para la Segunda Enmienda de la Constitución. Sin embargo, no se dice que, a diferencia de las otras garantías constitucionales, el derecho a portar armas está lejos de ser definido en su totalidad, sino que su interpretación sigue cambiando hasta hoy en los tribunales.

En principio rechazamos toda idea de que una persona que obtuvo el derecho a portar armas escondida en un estado, vaya a otro estado con la creencia que puede ser un vigilante civil con el poder de proteger a los ciudadanos con su arma. Cuantas más armas hay en la calle, es mayor el peligro. Es así de fácil.