Para quienes viven en la calle, poco que agradecer hoy

NUEVA YORK – Pese a que en los barrios neoyorquinos muchas familias ya tienen el pavo sazonado en la nevera, con el que celebrarán el Día de Acción de Gracias, unas 39,880 personas, incluyendo 8,491 familias con niños, pasarán la festividad sin un techo propio, en refugios de la ciudad.

Los desamparados de las calles, que se calculan en más de 2,600, no tendrán la misma suerte; pasarán el día de Thanksgiving durmiendo entre cartones y cobijas en un parque o en el subway, y los más dichosos, talvez sentados en una silla en un Centro de Recepción de Desamparados.

La madre hispana Virgen Cuascut, quien lleva 11 años viviendo en las calles de Nueva York y seis meses durmiendo sentada en un Centro de Recepción de Desamparados, cuando recuerda la época en que celebraba el Día de Acción de Gracias junto a sus tres hijos, se le salen las lágrimas.

“Eran días felices. Yo preparaba un pavo al horno y pernil, con arroz con guandules y ensalada, y compraba avellanas, turrones y nueces, y me sentaba a la mesa con mis tres hijos, bajo un techo seguro y una cama que esperaba por mí”, dijo Cuascut. “Pero cuando en 1994 mataron a uno de mis hijos, mi vida se derrumbó”, lamentó la madre.

Cuascut quedó desamparada cuando tras la muerte de su hijo de 17 años, víctima de una balacera entre pandillas, cayó en una profunda depresión, perdió el empleo y su vivienda.

“Yo fui víctima de violencia doméstica y salí de esa vida y fui a parar a las calles”, dijo Cuascut. “La primera noche me dio mucho miedo, me pareció que la ciudad se había convertido en un monstruo, y esa misma noche me asaltaron a punta de pistola unos morenos”, agregó.

La madre confesó que después de pasar 11 años viviendo en cajas de cartón en los parques, refugiándose del frío en edificios, y comiendo de los zafacones cuando tenía hambre, “el Día de Acción de Gracias ya no tiene sentido para mí”.

“En Thanksgiving yo voy a darle gracias a Dios porque al menos me tiene aquí, en este mundo, y antes de morirme espero volver a ser feliz, conseguir una vivienda permanente y poder invitar a mis tres nietos a comer”, dijo la madre.

Quien nunca ha celebrado el Día de Acción de Gracias es el veterano de guerra Raymond Flecha, de 56 años, quien duró 15 años durmiendo en las calles, hasta que hace 18 meses una furgoneta del Homeless Outreach Team (HOT), del Departamento de Servicio de Desamparados, la llevó a un centro de recepción de desamparados, operado por BronxWorks, donde les ofrecen servicios de medicina, psiquiatría, comida, y los procesan en el sistema hasta que les consigan un lugar dónde vivir.

“Yo serví en la guerra de Vietnam durante cuatro años, y cuando regresé me encontré que en las calles de Nueva York también había una guerra, porque la vida era muy difícil para los veteranos”, dijo Flecha, quien trabajó 18 años como cocinero en el hospital New York Foundling, hasta que éste pasó a manos de las monjas y fue despedido.

“Con los $537 que recibo del Seguro Social, no me alcanza para vivienda y comida, así que empecé a vivir en las calles, durmiendo mayormente en el parque St. Mary, de El Bronx, y en el subway cuando hacía frío”, dijo el veterano puertorriqueño.

Flecha dijo que nunca ha celebrado el Día de Acción de Gracias, ya que, como sus padres murieron cuando él era muy joven, prácticamente se crió en las calles. “Mis amigos se iban a sus casas a comer pavo por Thanksgiving, pero yo nunca participé en la celebración”, dijo el veterano.

“Si en algo tengo que agradecer a Dios, es estar vivo aún”, agregó.

Los amigos desamparados Marín Canales, de 51 años, y Antonio Méndez, de 56, dijeron que celebrarán el Día de Acción de Gracias en un centro de recepción de desamparados o talvez en la iglesia donde a veces les permiten pasar la noche.

“Yo soy mecánico automotriz y cuando quedé desempleado perdí mi vivienda y empecé a vivir en las calles”, dijo Canales, quien llegó de Colombia a Nueva York hace 35 años. “Yo voy a dar gracias por estar vivo, porque estar sin un techo es muy difícil”, señaló.

Méndez, por su parte, era trabajador de la construcción y cuando en 2007 perdió el empleo y se dejó de su esposa, pidió asistencia pública, consiguió una vivienda durante un tiempo y la perdió cuando le cancelaron el caso en Welfare a raíz de viajar a Puerto Rico para asistir a los funerales de su madre.

“Yo celebraba el Día de Acción de Gracias con mi familia, preparábamos un pavo al horno y mucha comida” dijo Méndez. “Desde que vivo sin techo lo celebro donde me coja el día, si en un centro o en un refugio para desamparados, y siempre doy gracias por la vida”, señaló.

El Centro de Recepción de Desamparados operado por BronxWorks, que funciona desde el año 1988, cada día acoge a unos 80 desamparados de las calles, que son los más vulnerables, un 50% de ellos son hispanos. En la noche unos 35 desamparados son llevados a refugios con camas, y el resto duerme en el centro en sillas.

Si está desamparado y necesita ayuda, puede llamar al 311.