Preocupa la violencia doméstica en RD

Es altamente preocupante que al momento de escribir este artículo, en República Dominicana, en lo que va del año, ya van al menos, cerca de 200 mujeres asesinadas en fatalidades relacionadas con la violencia de género y, por si fuera poco, lo mismo sucede con el 80% de las dominicanas residentes en la isla de Puerto Rico.

Pero si esto perturba, mucho más inquieta el saber que la mujer dominicana no sólo ha sido abusada hasta la muerte en su país, sino que también en el exterior se de cuenta de tan horrenda situación.

Además resulta sintomático y frustrante el hecho de que nuestras mujeres son abusadas por parejas que no precisamente son dominicanas y que, al menos, en esta región, sea la criolla, nuestra conciudadana, nuestra mujer, la que presente el más crítico índice de abuso de género.

Los ministerios competentes del Estado y todas las fuerzas pensantes de la República Dominicana, deben iniciar una fuerte jornada educativa de orientación a la mujer quisqueyana y profundizar los estudios, que determinen cuáles son las causas que motiva a los esposos, compañeros o consortes de la mujer dominicana, a cometer esos abusos.

Creemos que una de las fallas en ese sentido es que, cuando un hombre abusa de la que es su pareja, si se ventila el caso como se debe, se aisla al victimario, pero obviando que es parte de un todo en la problemática intrafamiliar y, no se coloca sobre el tapete el porqué de estos abusos. Y nos preguntamos ¿qué ha incrementado la violencia de género en perjuicio de la mujer dominicana?

Hemos observado como la mujer dominicana, al menos en Nueva York, ha descendido moralmente al extremo de que, algunas indocumentadas en trámites de regularizar su status migratorio, suelen golpearse a sí mismas y calumniar ante las autoridades a su pareja acusándoles de violencia de género con el único fin de apelar a una nueva ley que ante estos casos, les agiliza su tarjeta de residentes.

Hemos sido testigos además de cómo algunos amigos de conducta ejemplar, han sido echados a las calles por su pareja que les han acusado de abusadores domésticos, contando siempre con el apoyo de la policía neoyorquina.