Suspenden por política en Argentina

Buenos Aires – La política ha vuelto a jugar fuertemente en el fútbol argentino, protagonista ayer de un nuevo papelón al suspenderse un partido cuatro horas antes de su inicio por la subyacente disputa entre el Gobierno argentino y la Alcaldía de Buenos Aires en las elecciones del Boca Juniors.

El encuentro que debían jugar ayer el San Lorenzo y el Tigre en la decimoséptima jornada del Torneo Apertura fue aplazado para el lunes, después de que funcionarios del Ejecutivo de la capital del país clausuraran por motivos nada claros el estadio del equipo ‘santo’.

La clausura, de la que había avisado durante la semana la Alcaldía, fue dispuesta en momentos en que la Policía Federal y los empleados del San Lorenzo ya estaban en el estadio Pedro Bidegain y en que ambos equipos hacían sus últimos ajustes para jugar un choque decisivo para su futuro.

“Como no estaban dadas las condiciones de seguridad y funcionamiento hoy (ayer) se clausuró preventivamente el estadio del San Lorenzo”, intentó explicar Ignacio Palazuelos, director ejecutivo del Comité de Seguridad de la ciudad de Buenos Aires.

El Boca ha sacado nueve puntos de ventaja en la clasificación al Tigre a falta de tres jornadas, por lo que para ser campeón necesita obtener hoy al menos un punto ante el Banfield o que el Tigre no derrotara al San Lorenzo.

La historia, sin embargo, tiene otro trasfondo. Hoy hay elecciones de autoridades en el Boca Juniors y se presentan dos candidatos- Jorge Ameal, actual presidente del club y dirigente afín al peronismo gobernante a nivel nacional, y Daniel Angelici, a quien públicamente respalda el alcalde de Buenos Aires, el conservador Mauricio Macri.

Aunque pretendan negarlo, desde la Alcaldía de la capital seguramente se interpretó que la decisión de adelantar el partido San Lorenzo-Tigre intentó dar a Ameal el posible y supuesto ‘beneficio’ de llegar al día de los comicios con la ventaja que supondría un título de campeón ya asegurado. Y, en respuesta, la Alcaldía se negó a habilitar el estadio con un argumento creíble en un país organizado pero absolutamente inverosímil en una Argentina en la que nadie sabe qué día y a qué hora jugará su equipo cualquier fin de semana.