Un desgaste en Caracas

Esta semana, en una cumbre en Caracas presidido por Hugo Chávez, se inauguró la Comunidad de Estados de Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que incluye los países al sur del Río Grande. O quizás sería más preciso describirlo como una organización hemisférica que a propósito excluye a los EE.UU. y a Canadá.

No es mal idea un bloque de los países subdesarrollados en las Américas. Tienen mucho en común y podrían impulsar a sus economías con esfuerzos regionales. Pero CELAC no es ese bloque. No lo es porque no llega a reconocer dos hechos importantes.

Primero, los países latinoamericanos que han tenido éxito económico lo han logrado principalmente exportando bienes primarios – la soja, el cobre y el petróleo – al resto del mundo. Ese resto del mundo ahora se extiende mas allá del Colossus del Norte. Hoy los mercados de Asia, y de China en particular, son importantes consumidores de bienes latinoamericanos.

Por lo tanto, es un desgaste obsesionar sobre la amenaza imperial que presenta los EE.UU. Sin embargo, para lideres como Chávez, Raúl Castro, Daniel Ortega y Rafael Correa, el objetivo mas importante de la CELAC es de enfrentar al imperio norteamericano. Quizás les sirve para complacer a sus simpatizantes domésticos, pero ya no sirve como una estrategia regional.

Segundo, un desarrollo verdaderamente regional requiere que los países mas importantes estén sinceramente dispuestos a seguir por ese camino. Pero México seguirá orientándose hacia los EE.UU. Brasil quiere ser un poder global; ser parte de un mercado meramente latinoamericano tiene poco sentido. Argentina y Chile podrían desarrollar una red energética transnacional pero no se confían el uno del otro.

Los países llegaron a Caracas con buenas intenciones y con una buena idea. Pero también llegaron con sus antiguas ortodoxias antiimperialistas que ya tienen poca relevancia. Y se siguen mirando con recelos. Por lo tanto no nos debería sorprender que salieron de Caracas habiendo dado a luz a otra organización que nació muerto.