La nominación de Aponte

La nominación de Aponte

La embajadora de los Estados Unidos en El Salvador, Mari Carmen Aponte, se convirtió en uno de los últimos objetivos de los ataques republicanos.

Los legisladores republicanos amenazan con rechazar la ratificación formal del nombramiento de Aponte para el cargo en San Salvador, el cual ha ocupado con solidez desde 2010.

Las razones para oponerse son poco menos que ridículas: unos rumores viejos y no comprobados sobre un exnovio presuntamente vinculado al régimen de Castro, a pesar de que desde entonces Aponte ha pasado varios chequeos de alta seguridad. La otra excusa: un llanto conservador sobre un artículo de opinión sobre los derechos gays, que ella escribió a principios de este año en El Salvador.

El artículo, escrito en español bajo el título de “Por la eliminación de prejuicios dondequiera que existan”, fue publicado en junio, en respuesta a un mensaje del Departamento de Estado a los embajadores en todo el mundo, instándolos a reconocer el Mes del Orgullo Gay. El Salvador es uno de los 80 países que ha firmado una declaración de las Naciones Unidas para la eliminación de la violencia contra gays y lesbianas.

Alarmados por el articulo -un ensayo benévolo que en los Estados Unidos pasaría como una retahíla de lugares comunes-, los grupos conservadores en El Salvador se pusieron en contacto con los legisladores estadounidenses pidiendo el despido de Aponte. La queja se esperaba porque, recientemente, El Salvador inició esfuerzos hacia el reconocimiento de los derechos de los gays, poniendo a los conservadores en estado de alerta acerca de declaraciones pro-gay.

Pero eso es en El Salvador. Aquí en los Estados Unidos es casi inconcebible que nuestros legisladores bloqueen la nominación de un diplomático eficaz, debido a su posición sobre los derechos gay.

El extremismo de los republicanos y su obstinada negativa a apoyar cualquier cosa que el Presidente respalde, es especialmente preocupante en un país que se supone es un modelo internacional de progreso. El Congreso debe confirmar la nominación de Aponte y centrarse en problemas reales. Los cuales abundan.