Buenas noticias desde el Congreso, o casi

Congresistas republicanos finalmente dieron su brazo a torcer ayer y acordaron extender una reducción al impuesto salarial y a los subsidios de desempleo, terminando con semanas de ansiedad para millones de familias americanas nerviosas ante un posible aumento en sus impuestos, o la pérdida de sus cheques de desempleo.

Desde el comienzo del año, un grupo de republicanos extremistas, han secuestrado al Congreso e impedido que el cuerpo legislativo haga lo que se supone debe hacer: políticas públicas justas y eficientes. Su táctica de decir no a todo y dejar todo para último minuto es desmoralizante.

Pero mientras que los americanos han tenido que presenciar este avergonzarte comportamiento durante todo el año, el estancamiento en este asunto de los impuestos al salario, ha sido la peor exhibición de inflexibilidad hasta ahora vista por parte de este grupo de legisladores republicanos.

El acuerdo al que accedió el Congreso ayer no es muy diferente al que aprobó el Senado el sábado pasado, o lo que se le presentó el martes. Fue sólo bajo intensa presión por parte de los demócratas y de republicanos menos extremistas –y al ver que el problema favorecía la imagen de Obama– que los líderes del Congreso decidieron aprobar la extensión de dos meses.

Esto significa, por cierto, que el nuevo año traerá más de este trancado debate. De hecho, a cambio de la extensión temporal, el Senado tendrá que acceder a ser parte de un comité para discutir propuestas a un año. Pero los miembros que el Congreso asignará a este comité ya han dicho no estar dispuestos a considerar nada de lo que demócratas del senado han pedido; con lo cual, no hay razón para pensar que este comité resultará en nada provechoso.

La noticia, después de todo, es buena para los 160,000 neoyorquinos cuyo único ingreso es su cheque de desempleo, y millones más que han pasado sus festividades temiendo un aumento en los impuestos.

La mala noticia es que estos retrasos políticos se han convertido en la norma y no en la excepción. Los estadounidenses con preocupaciones reales pueden y deben rechazar legisladores dispuestos a sacrificar sus ingresos y beneficios.