Superación de la calle a la cocina

Miguel Wheeler vivía debajo de un puente en Houston y hoy brinda ayuda como jefe cocinero en un albergue del Salvation Army.
Superación de la calle a la cocina
Miguel Wheeler, jefe cocinero en el Salvation Army.
Foto: Gustavo Rangel

Hace siete años Miguel Wheeler amanecía cada día debajo del puente de la calle Quitman que cruza por la carretera 45 Norte en los linderos del centro arropado entre cobijas sucias.

Muchas de esas veces, todavía borracho o drogado, su vida no tenía rumbo ni propósito y sus esperanzas se perdían cada vez más entre las tinieblas de la adicción.

Sus amigos y familiares le habían dado la espalda porque ya lo consideraban un caso perdido. Sin embargo, en el Salvation Army le abrieron las puertas una noche fría donde Miguel no pudo soportar dormir en la calle y aunque ya había estado varias veces en el albergue Harbor Light, que está localizado por la calle North Main, esa noche Wheeler decidió que la manera para ayudarse a sí mismo era primero ayudar a otros.

“Un día decidí que si yo me lo proponía era capaz de ayudar a la gente que venía al albergue como yo en busca de un poco de ayuda, y comencé ayudando a limpiar la cocina, me dieron un lugar donde dormir y me sometí a los programas de rehabilitación y así me fui pasito a pasito”, dijo Wheeler.

Luego de un complicado proceso de rehabilitación y, según Wheeler mucha intervención divina, el originario del barrio Northside fue cambiando su vida.

Miguel aceptó la oferta que le hizo el albergue de ir a una escuela culinaria luego de que habían notado que le gustaba ayudar a cocinar.

“Me dieron una oportunidad cuando nada creía en mí y por eso estoy eternamente agradecido porque me ayudaron a darle un propósito a mi vida”, agregó Wheeler, que ahora es el jefe cocinero del albergue Harbor Light del Salvation Army.

Miguel admite que todavía le falta mucho camino por recorrer pero hoy se siente orgulloso de su trabajo y de la manera en que ayuda todos los días a personas que, igual que él, necesitan de una ayuda. Todos los días Wheeler es el responsable de hacer la comida para alimentar a unas 300 personas tres veces al día.

“Me da mucha satisfacción ver que gente disfruta mi comida y que quizás los alimentos que consumen aquí es la mejor parte de sus días. Por eso trato siempre de hacer la mejor comida posible”, concluyó Wheeler.

Miguel todavía vive en dicho albergue pero contó que ya está muy cerca de poder comprar una casita o rentar un apartamento. Pero por lo pronto no piensa abandonar este lugar porque sabe que todos los días entran por la puerta personas que necesitan ayuda como en su momento él la necesito.

Y para Miguel no hay mayor satisfacción de poder echarles un mano con una comida calientita.