La calle opina

Nueva York – Hoy es el día de los Inocentes, una tradición secular que los hispanos disfrutan gastando “inocentadas” y aceptando lo mejor que pueden las que les hacen. Así es que esté atento no caiga en alguna de estas que nuestros lectores recibieron o hicieron.

“Una vez me dijeron que mi esposo tenía una amante y yo les contesté que si él encontró en otra lo que no encontró en mi… ¿Y tú te quedas tan tranquila?, me preguntaron. ¿Y qué quieren que haga?”, respondió a los bromistas que acabaron embromados. Respecto a sus inocentadas asegura que la mayoría fueron diciendo mentirijillas a alguien como que fulano se había casado o fulana estaba embarazada.

“A mí también me dijeron que mi esposo tenía “otra” y siete hijos con ella ¡pero me di cuenta!”, asegura entre risas .

A , viviendo en Cuba, le llegó una carta que pensó era alguna buena noticia o un premio y cuando la abrió decía la frase típica de estas bromas: Al camarón que se duerme se le lleva la corriente y tú por ser tan bobo te cogí por inocente. Por su parte él participó en lo que califica de “inocentada malvada” a un compañero: “Tomamos una calculadora que no servía y estaba en la basura empaquetándola y enviándosela como si fuera un obsequio. Cuando la abrió nos quería matar”.

A la invitaron a una supuesta cena sorpresa. “Me vestí y cuando estaba ya lista para salir me dijeron que era mentira”. Ella no se queda atrás en sus inocentadas, la peor: “La dije a mi hermana que nos íbamos de viaje a Ecuador (su país) y cuando íbamos a salir le dije que era una broma. Me quería tirar por la ventana”.

“Me dijeron se te cayó una bola del pelo y yo, que nunca uso nada en el pelo, me quedé como que una no sabe”, dice quien cuenta que ella llamó a su mejor amiga diciéndola que estaba embarazada.

La inocentada que recuerda es que un año le despertaron preguntándole: “¿Tú no te levantas hoy a trabajar?. ¡Y ese día no tenía trabajo!”, recuerda riéndose.

Para la broma que más recuerda es la que la hicieron atando un hilo a un billete. Cuando lo vio se puso bien contenta y fue por el, pero los autores de la inocentada tiraban del hilo y alejaban el billete de sus manos. “Hice varios intentos de cogerlo hasta que me di cuenta que no era el viento ¡sino ellos!. Me dio un coraje y pasé una vergüenza por ¡inocentona!”.

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