Los cubanos volverán a Cuba cuando sea libre

El comentario me llegó por Twitter. El escritor, cuyo nombre no publico porque no correr el riesgo que alguien esté usando su nombre en vano, se describe a sí mismo como un periodista de la importantísima revista The New Yorker.

Lo que dice es cierto e ingenuo a la vez. Dice que “la decisión de Raúl Castro de no levantar las restricciones que tienen los cubanos (de la isla) a viajar es un error. La mayor parte de los cubanos son jóvenes, quieren ver el mundo. Y la mayoría de ellos quieren a Cuba y regresarían después de sus viajes. ¡Déjenlos salir”!

No discuto con el distinguido colega el deseo que Cuba abra las puertas de la isla prisión para permitir el viaje de lo cubanos que quieran conocer el mundo. El derecho a salir de la tierra donde uno nace, es, o si no debe ser un derecho humano. Ahora que en Cuba los únicos que podrían viajar serían los funcionarios de la nueva clase, o los pobres que dependerían del dinero que parientes o amigos les mandaran desde el exterior. Con 20 pesos convertibles al mes (el sueldo promedio en Cuba), no hay forma de ahorrar para viajar.

Lo que no entiendo es la idiotez de mi letrado colega y de todos sus amigos liberales que vienen hablando de los beneficios de abrirle las puertas a Cuba. Con eso todo se resuelve.

No lo entiendo porque la historia de la más larga dictadura del mundo dice todo lo contrario. Los cambios en Cuba comenzaron con las promesas de una revolución que nunca cumplió con lo prometido.

La última vez que me permitieron entrar en Cuba fue en septiembre de 1978 para verificar como periodista que el gobierno iba a soltar a 3,500 presos políticos. Vaciaron sus cárceles y después las han vuelto a llenar.

Treinta y tres años después que anunciaron que liberaron a 3,500 presos polí- ticos, el Castro de turno –en este caso Raúl– anunció que indultarían a 2,900 presos. En Cuba es difícil establecer la diferencia porque en Cuba se delinque por abogar por derechos que en un mundo civilizado todos gozamos.

El anuncio de los presos vino el día en que se esperaba que dijeran que permitirían a los cubanos salir de la isla de vacaciones sin tener que obtener una larga lista de permisos que dificultan, o impiden los viajes de cubanos, que no estén dentro del sistema. Eso no me sorprende. Lo que me sorprende –no me equivoco– no me sorprende; me da asco; es la inocencia y complacencia de los liberales amigos de Castro en el mundo.

Decir que los cubanos jóvenes quieren a su patria es limitar el sentimiento de todos los nacidos en esa isla. Todos la queremos Decir que todos volverían después de sus vacaciones es una estupidez.

Hace poco unos pescadores en la Florida encontraron un bote fabricado con un motor de automóvil que casi hizo la trave- sía de Cuba a Estados Unidos. No llegaron porque un guarda costa estadunidense los interceptó en el Estrecho de la Florida. Los van a devolver a Cuba. Pregúntenles a ellos, si ellos quieren regresar.

Para año nuevo no pido un cambio de régimen en Cuba. Ese día llegará. Lo que pido es que alguien les abra los ojos a estos locos que pretenden que en Cuba los cubanos viven felices con líderes que celebran tres días de duelo nacional por la muerte del dictador de Corea del Norte.

Los cubanos quieren volver a Cuba el día que la isla sea libre.