Crisis republicana

Arrancó el proceso para definir al rival de Obama en las elecciones de noviembre 2012 y el moderado Mitt Romney logró una reñida victoria sobre el ultra Rick Santorum

Ocho han sido los votos de ventaja que en la realidad refleja un empate técnico entre las dos alas del partido republicano.

En Iowa también quedó patente el conflicto interno del partido. Romney obtuvo un 25% de los votos, y ha ganado solo gracias a que el voto conservador se ha dividido entre Santorum (otro 25%), Ron Paul (20%), Newt Gingrich (13%), Rick Perry (10%) y Michelle Bachmann, que anunció su retirada después de haber obtenido un decepcionante 5% de los sufragios.

Eso refleja tanto una fragmentación de las bases entre ultraconservadores y moderados como la falta, por ahora, de un candidato que goce de amplio apoyo.

Aunque ganó Iowa, la campaña de Romney no ha generado apoyo fervoroso en la base republicana de ese estado ni del país en su conjunto. Sencillamente, no es el candidato que las bases republicanas desean, pues ese sector de la ciudadanía ha virado bruscamente a la derecha en los últimos años y desconfía de Romney debido a sus posiciones moderadas en el pasado.

Pero Romney es el favorito de los líderes del partido, que lo consideran el mejor dotado para vencer a Obama. Pero para elegirlo, hay que traicionar al Tea Party y a las ideas que han alimentado al partido republicano durante los últimos tres años. ¿Se atreverán?

La historia es que, luego de su tropiezo electoral en 2008 contra Obama, los republicanos han seguido un patrón común en partidos derrotados. Al perder simpatizantes en el centro del espectro, el núcleo duro que se mantuvo fiel estaba furioso con sus líderes. Decidieron que el problema era una falta de pureza ideológica.

Liderados por el Tea Party, que le dio la victoria en las legislativas de 2010 y le devolvió la fe y la energía, los republicanos consiguieron detener la agenda legislativa de Obama en el Congreso, anularon el impulso reformista del presidente e incluso ganaron la iniciativa política durante buena parte de los dos últimos años.

A cambio de ese éxito, el establishment tradicional del partido perdió peso en la conducción de la estrategia.

Como consecuencia de esa transformación, el Partido Republicano llega a sus primarias sin un solo candidato de peso y, por supuesto, nadie que sea capaz de aglutinar las nuevas fuerzas del Tea Party con la línea tradicional.

Llegan también en un delicado momento de definición, entre su inclinación ideológica hacia el extremo conservadurismo o el pragmatismo que se requiere para recuperar la Casa Blanca.

Así pues, si los republicanos optan por el pragmatismo, si piensan en quién es el que más posibilidades tiene de vencer a Obama, Romney será su hombre.

Sólo Romney tiene algo que ofrecer al sector predominante del electorado, el del centro, pero supondría el riesgo de desmovilizar al sector más extremista del partido y, precisamente, el que le ha reportado los últimos éxitos electorales.

El Partido Republicano está librando una guerra ideológica interna de la que todavía es difícil predecir en qué condiciones va a salir.

En el abanico de los aspirantes a la nominación republicana, el exgobernador de Massachussetts Mitt Romney y el exmandatario de Utah Jon Huntsman son frecuentemente señalados como centristas y moderados. Los demás aspirantes están más a la derecha del espectro ideológico.

El resultado es un ambiente político polarizado. Los ataques entre candidatos se han endurecido en los últimos días y el discurso se ha vuelto más conservador. Todos han afirmado su posición antimigrante y a favor de “sellar” la frontera. Mitt Romney se ha comprometido, si llega a la presidencia, a vetar el Dream Act, una ley que permite la legalización de estudiantes indocumentados. Casi todos afirman que están contra el aborto y los derechos de los gays, y por supuesto, todos están en contra del estado de bienestar e insisten en que el libre mercado y los individuos -no el gobierno- son la solución a la crisis económica.

Hay quienes piensan que Obama puede beneficiarse del radicalismo ideológico, de que el candidato republicano ganador esté tan a la derecha del espectro político que asuste a muchos de los moderados e indecisos que integran una buena parte del electorado estadounidense. Y que esa circunstancia termine entregándole en bandeja de plata la reelección, pese a que para muchos es simplemente el mal menor frente a los republicanos.

En ese sentido, si bien es cierto que Obama puede surgir como la alternativa electoral más moderada y centrista frente a la polarización de sus contrincantes republicanos, la desilusión acumulada en sus años de gobierno hace que el resultado final dependa de quién resulte nominado como su opositor.

Pero como dice Matt Taibbi, de Rolling Stone, Iowa apenas “marca el inicio de un proceso largo, rígidamente controlado y cuidadosamente coreografiado que en verdad está diseñado para hacer dos cosas: deshacerse de opiniones minoritarias peligrosas y premiar con poder al candidato que menos ofende a la gente mientras hace su labor primaria de representar enérgicamente los intereses del establishment”.

Este proceso electoral se intensificará este mes con la próxima elección en Nueva Hampshire el día martes, en Carolina del Sur el 21 de enero, y en Florida el 31.