Terrorismo y odio; ¿no van aparejados?

El pasado domingo 1º de enero, al iniciarse el año 2012, sin mucha bulla ni parafernalia mediática como en el caso del pasado 20 de diciembre en que fue acusado de terrorista el dominicano José Pimentel, las autoridades neoyorquinas calificaron como “crímenes de odio”, las acciones vandálicas de un joven afroamericano que, entre otros inmuebles, incendió una mezquita en el condado de Jamaica, Queens, en cuyo templo habían por lo menos 80 personas.

El Diario/La Prensa, en su edición del pasado martes 3, narra los acontecimientos contando que el afroamericano, fue golpeado por un bodeguero hindú, es decir, originario de la India, durante un altercado en el interior del negocio, realizó una serie de ataques con bomba molotov en otros tres locales, incluyendo la mezquita Imán A-Khoei Islamic Center, en el 89-80 de Van Wyk Expressway, en la que causó daños menores, sin pérdida de vida. Los bomberos acudieron inmediatamente al lugar a sofocar el incendio.

No nos interesa como se originaron los sucesos en que se involucró el joven de, supuestamente, de unos 25 o 30 años y 200 libras de pesos, los que nos llama la atención es el hecho de que tanto el gobernador Mario Cuomo y el alcalde Michael Bloomberg, no hayan hecho mayores algarabías sobre este caso y que, contrario al caso del dominicano Pimentel, simplemente lo hayan tipificado como “crímenes de odio”. Y en un caso, donde figura una bodega y un templo, ya esto se va más allá de una simple vendetta por riña. Al momento de elaborar este artículo, el agresor no había sido capturado.

Creemos que las acciones terroristas contra objetivos norteamericanos, como los cometidos contra otra raza o etnia de antemano, son incitadas por el odio, no importan las motivaciones.

Pero tal parece que las autoridades neoyorquinas, sólo califican como terroristas las acciones de terror en contra de sus intereses, y en la que presuntamente haya conexiones con religiosos musulmanes, como se dijo en el caso del dominicano, Pimentel. Terrorismo es terrorismo, no importa contra quién o quiénes se emprendan.

Estados Unidos, al igual que República Dominicana, aunque es un país de primer orden; es una nación de inmigran- tes y los hindúes en la actualidad conforman un importante puntal del sostén económico de Nueva York; sobre todo en lo que se refiere al manejo de las finanzas, pues ellos son protagonistas en el manejo de los computadoras, en lo que se inclu- yen las operaciones bursátiles de Wall St. Además sería bueno recordar que son los autores del sistema indo-arábigo, incluso se les atribuye la invención del Cero (0).

También son los mayores distribuidores de los diarios neoyorquinos, y poseen la mayoría de los estanquillos de ventas diversas en el Metro (Subway), en todo Nueva York. Es decir, agredir a estos inmigrantes, debe ser motivo de preocupación al igual que cuando se ataca a un policía neoyorquino o cualquier otro enclave estadounidense.

En resumidas cuentas, nos llama a suspicacias el que este caso haya sido enfocado desde una óptica distinta en comparación con el de nuestro conciudadano Pimentel. Esto independientemente de que el mismo se haya involucrado a la religión islamita. Irónica y paradójicamente, en el reciente caso del joven afroamericano, el mismo no se le ha imputado nada que tenga que ver con terrorismo, tal parece que atacar a los hindúes no es lo mismo que unirse a ello en el aspecto religioso; en este último caso, el asunto adquiere otras connotaciones.

En fin, volvemos a repetir que estamos contra cualquier tipo de terrorismo, no importan sus orígenes y motivaciones. Pero si se compara el caso Pimentel con este último, “algo huele mal en Dinamar- ca”, es muy sintomático, todo el espectáculo que se montó en el caso del primero que ni siguiera llegó a explosionar un simple cohete; y mucho más cuando el Buró Federal de Investigaciones (FBI) dijera que el joven no “representa peligro,” y es sólo un perturbado mental.