Jornaleros pasan frío por el sustento

Obreros por hora se las inventan para soportar largas esperas a la intemperie
Jornaleros pasan frío por el sustento
El jornalero Alan Montero.
Foto: JOSE ACOSTA / EDLP

NUEVA YORK – Aunque las temperaturas estén por debajo del punto de congelación, el jornalero Alan Montero, de 37 años, no tiene más remedio que pararse en una calle de El Bronx a buscar trabajo, para ganarse su sustento y mantener a su familia en Guatemala.

“Si yo duré un mes pasando calamidades cuando cruzaba la frontera para venir a los Estados Unidos, no será el frío el que me va a impedir ganarme el pan para mí y mi familia”, dijo Montero, quien tiene que mantener a su madre viuda, a su esposa y dos hijas de cinco y doce años de edad.

Para protegerse de las bajas temperaturas, Montero reveló que viste en capas, poniéndose debajo del abrigo varias camisetas, y usa dos medias y un pantalón termal debajo del pantalón de faena, guantes y gorro.

Cuando el frío es insoportable, Montero y sus compañeros entran a la bodega Paulino de la esquina, y permanecen allí unos cinco minutos hasta calentarse.

Montero se considera un veterano en el manejo del frío, pues lleva cuatro años como jornalero en la calle 180 y la Tercera Avenida en El Bronx, donde cada día, de 6 a.m. a 1 p.m., se reúnen más de 20 personas de diferentes países, en su mayoría hispanas, a tratar de ganarse un contrato de varias horas. El punto de los jornaleros está localizado frente a la New Palace Paint Home Center, una ferretería gigante de venta de pinturas, lo que les garantiza una conexión directa con caseros y contratistas de trabajos de construcción.

“Además de frío, tenemos que soportar hambre, porque debido a la situación económica a veces sólo conseguimos trabajo una o dos veces a la semana, y hay semanas en que no aparece nada”, dijo Montero. “Aquí hay muchos compañeros que han durado dos días sin comer”, aseguró.

El método que emplea jornalero José López, de 29 años, quien tiene que mantener a su esposa y a una hija de seis años, es ponerse dos suéteres, dos medias regulares y un pantalón termal.

“Si el frío aprieta hasta que me duelen los pies, me muevo mucho para entrar en calor”, dijo López. “Hay que aguantar frío para poder conseguir el dinero de la comida y el alquiler. La semana pasado trabajé dos días, uno en una mudanza y otro botando deshechos de la demolición de un techo”, agregó.

Los jornaleros dijeron que cobran un mínimo de $50 por jornada laboral, y los trabajos, que en su mayoría son de construcción, los cobran de $100 a $120 por día.

Uno de sus mayores problemas, según aseguraron, es la estafa de contratistas que, después de realizado el trabajo, no lo pagan.

Como el caso de Roberto Bulnes, de 57 años, a quien un contratista se lo llevó a Nueva Jersey, y después de que Bulnes pintó una casa, el contratista lo dejó en una esquina, le dijo que lo esperara allí porque iba a cambiar un cheque para pagarle, y nunca regresó.

“Son personas injustas, que se aprovechan de nuestra condición para robarnos, y no se conduelen de lo trabajoso que es pasarse un invierno en plena calle, a esperar un trabajo”, dijo Bulnes.

El jornalero también viste en capas para protegerse del frío, y cuando no lo puede soportar, entra en la bodega Paulino a calentarse y se toma un café.

“Yo estoy bien, porque tengo abrigo, pero aquí hay muchos que sólo se cubren con una sudadera, porque no tienen abrigo”, dijo Bulnes.

Julio Paulino, el propietario de la bodega Paulino, dijo que tanto en verano como en invierno la esquina se llena de jornaleros, y cuando el frío es intenso él les permite calentarse un rato en su negocio.

“Si nosotros estamos mal por la situación económica, ellos están peor”, dijo Paulino.

“Cuando ellos tienen dinero, compran café, té, y un sándwich, pero muchas veces no tienen con qué comer”, señaló.