Recordando al reverendo MLK

Hoy celebramos a Martin Luther King. ¿Pero cómo?. Para muchos, King lideró a un movimiento para corregir injusticias puntuales que ya no merecen la misma atención política. El racismo sigue vivo. Pero gracias a militantes como King, hoy es un crimen que se castiga. No hemos eliminado el racismo, tal como persisten otros comportamientos criminales. Pero ya no es por deficiencias legales.

Es una analogía engañosa. El racismo sigue siendo un conflicto legal. Aceptar que bastan las leyes existentes nos deja expuestos a los que quieren emascular a los poderes que tenemos para combatir el racismo. La campaña de King no es tema para los historiadores. Es una batalla vigente. Pero para ver como hay que entender como hemos filtrado el pasado.

La historia del racismo en los EE.UU. ha creado la impresión de que los grandes conflictos sobre los derechos civiles -la Guerra Civil, el movimiento para los derechos civiles hace medio siglo- fueron conflictos abiertos sobre estos derechos.

Pero para el Congreso y la Corte Suprema fueron batallas sobre un concepto que superficialmente no tiene nada que ver con el racismo: el derecho constitucional de un estado de protegerse de la intervención federal.

En la Guerra Civil, los estados del sur se opusieron a la intrusión federal en vez de tratar de justificar a la esclavitud. Los antagonistas de King defendieron su derecho de operar a sus escuelas como les de la gana.

Hoy Carolina del Sur quiere organizar a sus elecciones sin órdenes de Washington. Arizona quiere perseguir a inmigrantes sin interferencia federal. Alabama quiere cerrar las puertas de sus escuelas a hijos de inmigrantes sin que se oponga Washington.

Reconocemos el racismo detrás de estos esfuerzos. Pero son posiciones con una fuerte base constitucional. Si faltamos en reconocer que seguimos en la misma guerra legal que hubo hace medio siglo y hace siglo y medio, arriesgamos la pérdida de lo que ganó King.