La división de clases en el Partido Republicano

Los expertos nos dicen que la competición por la candidatura republicana está llegando a su fin.

No nos pueden hacer eso, justo ahora que las cosas están empezando a ponerse interesantes.

Mientras llegan a Carolina del Sur a fin de hacer la campaña para las primarias del 21 de enero, los candidatos del Partido Republicano han iniciado una discusión sobre a qué grupo de estadounidenses representa el Partido Republicano. ¿A los de la clase alta, considerados ricos; o a los de la clase media, que aspiran a ser ricos?

La pelea comenzó cuando Newt Gingrich y Rick Perry acusaron a Mitt Romney de crear una mala reputación para el capitalismo.

Después de que Romney dijera a un público de New Hampshire que hubo momentos en su ascenso en la escalera corporativa en que temió recibir una boleta de despido, Perry utilizó ese comentario para introducir, ante un grupo en Carolina del Sur, el comentario de que Romney había eliminado más puestos de trabajo de los que había creado, mientras dirigía la firma de inversiones Bain Capital.

“No tengo ninguna duda de que a Mitt Romney le preocupaban las boletas de despido”, expresó a su público. “Estoy seguro de que lo que le preocupaba es que se le acabaran”.

El gobernador de Texas más tarde acusó a Romney de ir mucho más allá del “capitalismo de riesgo” y practicar el “capitalismo de buitres” al explotar empresas que estaban al borde de la quiebra, deshaciéndolas.

El mes pasado, Gingrich respondió a un pedido de Romney de que el ex presidente de la Cámara devolviera 1,6 millones de dólares que recibió de Freddie Mac, entidad gigante hipotecaria respaldada por el gobierno, urgiendo al ex jefe ejecutivo a “devolver todo el dinero que ha ganado haciendo quebrar a empresas y despidiendo a los empleados durante sus años en Bain”.

Ahora, un comité de acción política que apoya a Gingrich planea gastar por lo menos 3,4 millones de dólares en Carolina del Sur sacando a la luz más detalles sobre el trabajo de Romney en la empresa.

Gingrich defiende esa estrategia.

“Si uno va a conducir su campaña presidencial sobre la base de sus antecedentes, esos antecedentes deben estar abiertos a examen”, expresó a los reporteros. “No es anti capitalismo, esa es la pantalla de humo de los que temen rendir cuentas”. Más tarde, en CNN, Gingrich explicó el asunto de la siguiente manera: “No se trata del capitalismo, no se trata de la libre empresa. Se trata de valores, carácter y criterio”.

Según algunos comentaristas conservadores, Perry y Gingrich han cometido una seria infracción contra la etiqueta política republicana. Aparentemente, se supone que uno no debe hablar de dinero en público.

De lo contrario, se podría proporcionar a los liberales municiones que los demócratas pueden utilizar contra los republicanos en la elección general. Incluso se les puede brindar a los demócratas un claro indicio de que una buena línea de ataque -especialmente en una economía perezosa en que muchos estadounidenses sienten que los grandes bancos y las firmas de Wall Street les han robado sus billeteras -es pintar a los republicanos como el partido de los ricos.

¿Realmente? ¿No creen que a los demócratas ya se les ha ocurrido eso? Estas movidas son parte de su manual.

Sólo esperen para ver lo que el Equipo Obama le tiene reservado a Romney, si en verdad resulta ser el nominado del Partido Republicano. Para cuando el estratega de Obama, David Axelrod, haya terminado, Romney será un perfecto doble de Mr. Potter, el codicioso banquero cascarrabias del la película “It’s a wonderful life” (Qué bello es vivir).

Aún así, ésta debería ser la verdadera preocupación de los republicanos: Si los jefes del partido logran sofocar toda crítica, por parte de los republicanos, de la carrera de Romney en el mundo financiero, eso ayudará a consolidar el estereotipo de que el Partido Republicano es verdaderamente el partido de los ricos. También enviará el mensaje de que si el capitalismo produce ganadores y perdedores, entonces al Partido Republicano sólo le interesan los primeros. Y eso limitará el atractivo del partido, al probar que está más preocupado por el poderoso que despide a la gente que por el vulnerable que resulta despedido.

Un Partido Republicano de ese tipo podría ser el partido de Nelson Rockefeller, pero no es el partido de Ronald Reagan. El héroe del movimiento conservador llegó con facilidad a la victoria en dos elecciones presidenciales haciendo un llamado a los electores de la clase obrera y de la clase media, y a otros que aspiraban a mejorar su situación.

En aquel entonces, con Reagan a la cabeza, el Partido Republicano inspiró a esos sectores.

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