Negro arbitraje

Guía de Regalos

La segunda jornada puso una vez más en evidencia el grave problema que tiene el futbol mexicano con el tema del arbitraje. Los errores en los partidos de América vs. Toluca y Tigres vs. Gallos Blancos fueron mayúsculos.

El titular de la Comisión de Árbitros, Aaron Padilla, dijo que no es necesario saber de arbitraje para ser el presidente de la Comisión de Árbitros, una declaración que xplica muchas cosas. Ahora comprendo por qué a veces miramos árbitros que no están a la altura para pisar el terreno de juego y a otros que ya están más capacitados convertirse en protagonistas. Si en la cabeza de la Comisión no hay un hombre que sabe de arbitraje estamos muy mal. A mí me disculpa el señor Padilla pero si no sabe del tema entonces ¿cómo asigna a los árbitros a los partidos que pueden manejar según sus habilidades? ¿O será que tira dardos a una lista de nombres que tiene colgada sobre la pared? ¿Cómo determina el momento para debutar a un silbante joven o cuando es el tiempo de darle a un árbitro los partidos de peso? ¿Cómo va a mejorar el arbitraje en general si no está empapado del tema?

Ya van años que Padilla no ha podido corregir al árbitro Marco Antonio Rodríguez. Una y otra vez el ‘chiquidrácula’ ha hecho de las suyas y no fue hasta que la Federación Mexicana de Futbol le torció tanto el brazo a Padilla que decidió castigarlo por el ridículo que hizo en la final pasada entre Santos y Tigres donde sacó dos tarjetas al mismo tiempo.

Si hubiese respeto por Padilla de parte de los silbantes este tipo de cosas no sucederían pero a veces las actuaciones de los árbitros en la cancha dejan toda la sensación de que cada quien hace lo que quiere y manejan los partidos a su gusto para que luego salga Padilla y de la cara por ellos y diga su famosa frase: “Desgraciadamente aquí [en México] no reconocen lo que es el arbitraje mexicano, no lo reconocen como es reconocido en el mundo”. No sé, señor Padilla, pero si Marco Antonio Rodríguez sacara dos tarjetas amarillas al mismo tiempo en una final entre Barcelona y Real Madrid o lo sacan a tomatazos del estadio o se mueren de la risa. Un árbitro puede equivocarse, es humano, pero tampoco debe ser eso su válvula de escape o su colchoncito cuando queda evidente su falta de capacidad.