Abraham Córdoba: creador de correas a la medida

Abraham Córdoba: creador de correas a la medida
Abraham Córdoba tiene su puesto en el Alto Manhattan.
Foto: GLORIA MEDINA / EDLP

Nueva York – Durante 21 años Abraham Córdoba ha hecho a mano las correas en el Alto Manhattan, un oficio que aprendió mirando.

Con su trabajo ha mantenido a su familia de siete hijos en el área de Morrisania, en El Bronx, donde vive.

Córdoba, nacido y criado en El Barrio hace 45 años, dejó a un lado su profesión de plomero para dedicarse a la confección de correas y desde entonces tomó el apodo de Bam Bam, como lo llaman los clientes cuando se acercan al lugar de trabajo.

Su labor implica desde comprar el cuero hasta crear cinturones con diseños únicos, que son deseados por artistas, políticos y gente de todas las partes del mundo, según dice.

Mirando, aquí en Nueva York. Desde pequeño veía a los jipis durante los festivales de Puerto Rico, siempre había un grupo haciendo maravillas en cuero. Allá en la isla también, cuando había fiestas patronales iban de aquí a correr sus motoras durante el invierno y siempre iba algún jipi a vender sus correas allá.

Por la calidad que le ofrezco a mis clientes, las que venden en las tiendas hoy en día son de mala calidad hechas en la China. Estas son hechas a mano en los Estados Unidos.

Todas son de cuero puro, se pintan blancas, negras y color marrón, según como las quiera el cliente. Lo que la persona quiera lo hago para complacerlos y así regresen. Muchas piden que les ponga nombres de personas, de países, de algún equipo deportivo, figuras, otros prefieren lisas sin nada.

Aquí vienen personas de todas partes del mundo, viene todo el que conoce de buen material. Hasta judíos vienen para que les haga sus correas. Algunas veces han venido personajes como Johnny Ventura, el congresista Charles Rangel, entre otros.

Tanto hombres como mujeres. Tengo una clientela fuerte de mujeres, lo único es que ellas nunca saben su talla.

Me levanto a las 6:00 a.m. y lo primero que hago es ver el pronóstico del clima, porque si llueve, no puedo salir a trabajar, porque mi lugar de trabajo es al aire libre. De lo contrario voy al puesto en la calle 185 y St. Nicolás en el Alto Manhattan a vender mis productos.

Primero tengo que conseguir el cuero. Lo compró en una factoría en el Bajo Manhattan que vende materiales para las compañías de zapatos. Compro el pedazo grande y aquí lo voy cortando para darle forma y a la medida del cliente. Mientras esperan –no más de 15 minutos- les tomo las medidas, hago los huecos, pongo las figuras o nombres que deseen, la pinto del color que deseen y por último les agregó las hebillas o chapa.

Cada una se vende entre los 15 y 25 dólares. Antes, cuando la economía del país estaba mejor me hacia hasta los $600 diarios, pero hoy en día me alcanzo a hacer unos $200. De esto he mantenido a mi familia. El querer es poder, en vez de hacer cosas malas para conseguir dinero rápido hago mi artesanía de cuero.

Carteras, pulseras, ganchos para pelo y cartuchera para armas. Cualquier otra cosa de artesanía en cuero. Aquí viene mucha gente también para que le arregle las correas.