Aumenta la práctica del

Aumenta la práctica del
Tal parece que las campañas de prevención en materia de salud sexual están dando sus frutos.
Foto: thinkstock.com

El número de estadounidenses que practican conductas que los ponen en riesgo de infección con VIH se ha reducido significativamente, informaron las autoridades federales de salud.

Lás estadísticas indican que, las cifras de personas que participan en conductas sexuales o relacionadas con las drogas arriesgadas se redujo de 13% de los hombres y 11% de las mujeres en 2002 a 10 y 8%, respectivamente, en 2010, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

“En general, estas son conductas que se estudian en las poblaciones de mayor riesgo, pero al observar la población doméstica podemos tener una mejor idea del nivel de riesgo que podría existir en la población general en que normalmente no se piensa”, señaló la autora del informe Anjani Chandra, científica de la salud del Centro Nacional de Estadísticas de los CDC.

Algunos de los factores de riesgo observados por los investigadores fueron el sexo gay y bisexual, el uso de drogas ilícitas y tener varias parejas sexuales o una pareja sexual que se inyecte drogas ilegales, comentó.

“Entre las mujeres en realidad no vemos que el declive se deba a ninguna variación en las conductas sexuales arriesgadas, mientras que entre los hombres observamos una diferencia sustancial según la raza”, dijo.

Los motivos del declive en las conductas arriesgadas no están claros, apuntó Chandra. Quizás algunos de los mensajes de salud pública estén siendo captados. Las personas también podrían mostrarse renuentes a contar que participan en conductas arriesgadas, dijo.

“Pero podría ser real y reflejar verdaderos cambios de conducta”, aseguró.

Para el informe se recolectaron datos sobre casi 23,000 hombres y mujeres de 15 a 44 años en domicilios de todo el país, que representan a 6.5 millones de hombres y a 4.9 millones de mujeres.

El declive parece deberse a una reducción en conductas arriesgadas como tener sexo sin protección y tener varias parejas sexuales, apuntó Chandra.

Sin embargo, hubo diferencias en las conductas de distintos grupos. Por ejemplo, los hombres que habían estado en prisión recientemente eran más propensos a reportar participación en una o más conductas de riesgo de VIH, en comparación con otros hombres, hallaron los investigadores.

También hubo variaciones significativas según la raza y el nivel de ingresos, reportaron.

El 16% de los hombres jóvenes negros entre los 15 y los 24 reportaron al menos una conducta sexual relacionada con el riesgo de VIH, frente a 8.7% de los hombres hispanos y 6.5% de los hombres jóvenes blancos. Los hombres más pobres también eran más propensos a participar en conductas arriesgadas.

Cuando se piensa sobre el riesgo de VIH, por lo general no se considera este riesgo en la población doméstica, apuntó Chandra.

“En las poblaciones domésticas, donde se piensa que esas conductas no existen o son muy poco comunes, sí ocurren y quizás pongan a las personas en riesgo de VIH y otras enfermedades de transmisión sexual”, advirtió Chandra. “Enfocarse sólo en las poblaciones de alto riesgo quizás no arregle todas nuestras preocupaciones”.

El Dr. Sten Vermund, director del Instituto de Salud Global de la Facultad de Medicina de la Universidad de Vanderbilt, en Nashville, dijo que los datos usados eran “una muestra altamente válida de la población estadounidense”.

Las conductas de riesgo tanto sexuales como relacionadas con las drogas declinaron en el período del estudio, una tendencia positiva, afirmó.

“Las conductas de riesgo siguen siendo comunes, y las probabilidades de encontrarse con una persona infectada con VIH nunca han sido mayores”, señaló Vermund. “Sin embargo, hay una indicación firme de que los programas de prevención funcionan o que las normas culturales están cambiando, o ambas cosas”.

Philip Alcabes, profesor asociado de la Facultad de Ciencias de la Salud del Hunter College/City University de Nueva York, critica el informe como otro ejemplo de la forma en que el gobierno sigue evitando el problema real del VIH.

“Es un desperdicio de tiempo y fondos públicos”, lamentó. “Las agencias federales no han fomentado los cambios estructurales que en realidad reducirían el riesgo de adquirir VIH y tampoco han implementado programas amplios y de fácil acceso para intercambiar jeringuillas, y en su lugar pasan el tiempo estudiando la conducta personal. Es vergonzoso”.

“Aunque las autoridades no tengan un concepto claro sobre lo que sucedió hace 30 años, siguen observando el Sida con l a misma lente de moralidad que era común en 1981. Es triste y turbador”, aseguró.