Cruz y Hernández orgullo boricua en el Super Bowl

Cruz y Hernández  orgullo boricua en el Super Bowl
Víctor Cruz es un ejemplo de espíritu y superación. Su madre Blanca Cruz que lo crió sin la presencia del padre, un afroamericano que nunca vivió con ellos y falleció en el 2007.
Foto: AP

Los protagonistas serán el receptor abierto Víctor “Salsa” Cruz y el ala cerrada Aaron “Chico” Hernández, que serán decisivos en las respectivas ofensivas de los Giants de Nueva York y Patriots de Nueva Inglaterra cuando ambos equipos se enfrenten el próximo domingo en el Lucas Oil Stadium, de Indianápolis.

La presencia de jugadores latinoamericanos en la competencia de la NFL todavía es insignificante, pero este año Cruz y Hernández podrán mostrar que el camino está abierto para que nuevos valores puedan llegar al deporte número uno en E.U.

Cruz, de 25 años, segundo como profesional de la NFL, es un ejemplo de superación y espíritu de lucha, que le inculcó su propia madre Blanca Cruz, que lo crió sin la presencia del padre, Mike Walker, un hombre de origen afroamericano que nunca vivió con ellos y falleció en el 2007.

Después de muchos sacrificios, su madre, que lo crió en Paterson, Nueva Jersey, consiguió que llegase hasta la Universidad de Massachusetts, donde por dos veces fue dado de baja al no calificar para el equipo por las malas notas académicas.

La perseverancia de su madre hizo posible que al final jugase con Massachusets, donde en su tercer año (2007) se convirtió en el líder indiscutible del equipo al conseguir 1,064 yardas con 71 recepciones para concluir su estancia colegial como 131, el cuarto mejor en la historia del equipo.

Cruz tampoco lo tuvo fácil en los comienzos como profesional al no ser elegido durante el sorteo universitario del 2010 y sólo los Giants le ofrecieron una invitación para el campo de los novatos.

La oportunidad no fue desaprovechada por Cruz que en primer partido de exhibición capturó tres pases y logró ganancia de 145 yardas.

Los Giants le ofrecieron un contrato en el 2010, pero apenas participó en tres partidos debido a una lesión, de la que llegó recuperado, y ante la baja de algunos jugadores del ataque del equipo neoyorquino hizo que Cruz se ganase un puesto de titular.

La confianza que le dio el entrenador Tom Coughlin se la compensó con marca de equipo en yardas al conseguir 1,536 -tercera mejor de la NFL-, 82 atrapadas y nueve de ellas que convirtió en anotación para acompañar la celebración con pasos del baile de la salsa.

El receptor de los Giants, como le inculca cada día su madre, no se olvida de los orígenes, por el contrario se siente “orgulloso” y “feliz” que su presencia en el Super Bowl genere entusiasmo dentro de la comunidad para que cada vez haya más niños y jóvenes hispanos interesados en jugar al fútbol americano y lleguen a la NFL.

Hernández, de 22 años, no tiene un baile a ritmo de salsa para celebrar las anotaciones con los Patriots, pero si se ha convertido en uno de los objetivos preferidos del mariscal de campo Tom Brady en el ataque del equipo y se siente feliz que le llamen “Chico” como lo hacían en el colegio y en su barrio.

Un producto del prestigioso programa de los Gators de la Universidad de Florida, Hernández destacó siempre por su capacidad de jugar en distintas posiciones del ataque y aunque fue elegido en la cuarta ronda del sorteo universitario con el número 113 sabía que iba a encajar con el equipo al que siempre siguió de pequeño y especialmente cuando estuvo el mariscal de campo Drew Bledsoe.

Después de una temporada de novato en la que ya destacó con 45 recepciones para ganancia de 563 yardas y seis anotaciones, nuevo récord de equipo en la posición de “tight end”, Hernández se superó la pasada al lograr 79 capturas para 910 yardas y 7 “touchdowns”.

El ala cerrada de los Patriots también está orgulloso de sus orígenes puertorriqueño, su padre era nativo de la Isla del Encanto, y aunque nació y se crió en Bristol, Connecticut, dentro de su familia se han respetado al máximo las tradiciones.

De hecho su grave crisis personal la sufrió a los 16 años, cuando su padre, Dennis Hernández, al que se sentía muy unido, falleció tras ser operado de una hernia.

Hernández, que ha reconocido que sufrió muchas privaciones de pequeño y también lo pasó muy mal tras la muerte de su padre al tomar decisiones equivocadas, ahora se ha convertido en otro joven deportista “modelo” dentro de la comunidad hispana a la que ayuda a través de distintos frentes de colaboración social.

“Siento que puedo ayudar y ser muy influyente para los niños pequeños hispanos porque he pasado por muchas privaciones”, declaró Hernández en una entrevista con el diario Boston Herald. “Cuando pienso que he llegado a un Super Bowl, en privado, se me saltan las lágrimas y comprendo la gran responsabilidad que tengo”.