Educadora de vida

Mina González vive para servir y dar esperanza
Educadora de vida
Mina Gónzalez
Foto: Suministrada

Más que una educadora, Mina González es una portavoz de la esperanza.

Su labor no se limita a concienciar -sobre todo a los latinos- en la importancia de la donación de órganos, sino en animar a quienes esperan con dolor la muerte. “Les digo que no pierdan la fe, que pronto llegará un donante”, expresa González.

Sus palabras tienen fuerza. Hace 14 años recibió un transplante de riñón. Apenas despertó de su agonía, hizo la promesa a su donante, un niño de 13 años, de entregarse por completo a la tarea de educar sobre la importancia de la donación de órganos.

Desde ese momento, lo que había iniciado seis años atrás como voluntaria de One Legancy, la agencia de donación de órganos en Los Ángeles, se convirtió en una labor constante de predicar su historia y convencer a la gente de lo importante que es regalar vida cuando la muerte llega.

Actualmente, además de seguir como voluntaria, labora como educadora del Instituto Nacional de Transplantes Méndez.

“Voy a diferentes clínicas, donde están los pacientes que reciben diálisis, y les informo sobre las diversas opciones para transplante”, explica.

González sabe muy bien lo que significa “esperar” en una lista de paciente con necesidad de transplante. Ella aguardó siete años, “mi vida se estaba apagando”.

“Ahora yo puedo sentarme con las pacientes y darles esperanza” , comenta González. “Decirles que no tiene que ser el final, que simplemente es el principio de una nueva vida”.

“Entiendo completamente a los pacientes”, explica. “En muchos de ellos, veo en sus caras el temor, la desesperanza por dejar a su esposa o esposo, a sus hijos”.

Sin embargo, González trata de aliviar esa desilusión no sólo con su historia de supervivencia sino con opciones científicas.

En muchos casos, dice, la donación de órganos no es la única opción: también se puede vivir con diálisis por muchos años.

Alimentar de esperanza a los pacientes podría ser una tarea fácil si se compara con la labor de convencer a un posible donante.

“Los latinos son los más difíciles de convencer”, asegura. “Hay muchos mitos y mucho temor por la falta de conocimiento”.

Sin embargo, a pesar del rechazo y los insultos de quienes se niegan a ser donadores, González no descansa. “Mi trabajo es todo para mí. Es como el aire que respiro para vivir”, termina.