¿Amenaza nuclear o voracidad por dinero?

Lo peor que puede padecer un pueblo es la indiferencia social de unos y la ambición desmedida de otros. Eso es lo que está ocurriendo frente a la crisis mundial que sufrimos y que amenaza con empeorarse.

Escasamente hay protestas, por ejemplo, ante el precio desbocado de la gasolina. Los petroleros, que actúan como auténticos mafiosos, nos arrastran a un trance caótico, donde habrá más desempleo, más pobreza y muchos no tendrán comida suficiente, ni ropa nueva, ni cómo pagar sus deudas.

No pretendo ser fatalista y aguafiestas, pero estamos cruzando hacia peores tiempos. El precio de la gasolina en los Estados Unidos sobrepasó los 4 dólares en la primera semana de abril y aunque los analistas dicen que el motivo es el miedo a la amenaza nuclear, los suspicaces sospechan que mienten y que es un plan para enriquecer a unos pocos, a costa de otra crisis deliberada.

Con el fin de convencernos, anuncian como inminente el conflicto bélico entre Israel e Irán y, según ellos, ese peligro hace que el precio del barril de crudo Brent haya sobrepasado otra vez los 120 dólares.

Lo irónico de esta paranoia sembrada de forma premeditada es que las provisiones de petróleo son abundantes y la demanda en Europa y los Estados Unidos ha disminuido, debido al menor uso de los automóviles en los últimos años y a un negativo crecimiento del producto interno bruto.

Pretenden persuadirnos que los conflictos son necesarios para combatir el terrorismo y mantener la estabilidad mundial y por ende los bajos precios del petróleo, pero, por lo general, son farsas convenidas para lucrarse y preparar el camino del “nuevo orden mundial”.

Por eso nos repiten que la embestida “preventiva” de Israel a las instalaciones nucleares iraníes es necesaria e imperiosa, lo cual tiene a medio mundo al borde de un ataque de nervios.

Si eso sucede, es probable que, sin lugar a dudas, haya un conflicto militar abierto que involucre a otras naciones y esto subiría el precio del petróleo a cifras inimaginables.

El amago de guerra va en aumento ante la intransigencia y el peligro que, en efecto, representan Irán y su líder Mahmud Ahmadineyad, individuo fanático y extremista, y por otro lado, Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, a quien los críticos señalan de tener un temperamento explosivo y radical. En su última visita a Washington, en marzo pasado, exigió tormentas de guerra como única defensa frente a la hostilidad que los iraníes ejercen en la zona.

Justa razón argumenta Israel por tener al enemigo mirándolo con ojos de odio, pero la rudeza, sin darle espacio a mecanismos de diálogo, no ayuda a calmar la tensión y tampoco beneficia a la paz mundial.

Estos vientos de guerra que producen escalofríos, intentan ser menguados por Barack Obama, quien pidió dar tiempo a que surtan efecto las sanciones económicas a Irán, pero los guerreristas temen que dilatar la defensa es nutrir la insolencia y la soberbia del gobierno iraní.

Entre tanto, para nosotros, los ciudadanos de a pie, la decisión que tomen nos llevará al mismo lugar de escases y penuria; perderemos por todos los frentes y la gasolina subirá enriqueciendo a unos pocos perversos.