Candidatos no pueden criticar

Candidatos en México evitan "las campañas negras"
Candidatos no pueden criticar
Los aspirantes a la presidencia de México deben evitar la guerra sucia de palabras durante sus campañas políticas.
Foto: AP

MÉXICO, D.F.- Los candidatos a la presidencia de la República de los cuatro partidos mexicanos, “venden” su imagen al electorado a través de 19 millones de spots por radio y televisión donde, por ley, han tenido que dejar atrás las comparaciones negativas y críticas al adversario.

Una contienda menos agresiva, pero también con menor competitividad y hasta más aburrida como la describen radioescuchas y televidentes.

“Hablan tan bien de sí mismos que parecen falsos y ya estoy harta de escucharlos tanto: hasta dos veces el mismo anuncio por bloque comercial”, comenta Gabriela Pacheco, una asesora inmobiliaria de la Ciudad de México.

Josefina Vázquez Mota, del Partido Acción Nacional (PAN); Enrique Peña Nieto, de la alianza Compromiso por México; Andrés Manuel López Obrador, de la coalición izquierdista Movimiento Ciudadano, y Gabriel Quadri, del Partido Nueva Alianza (Panal) iniciaron campañas el pasado 30 de marzo y terminarán el próximo 27 de junio.

Además de visitar ciudades y pueblos, cuentan en esos 90 días con 41 minutos diarios para promover su imagen, que han centrado principalmente en destacar sus logros en otros cargos y en promesas de antaño como el combate a la pobreza y la inseguridad.

Algunos analistas creen que al bloquear al aspirante la posibilidad de señalar los errores del adversario impiden a la gente enterarse de los malos gobiernos.

Para el politólogo Alberto Aguirre las campañas negras sirven para promover y enaltecer la competencia democrática. Remite en su columna de uno de los diarios económicos más importantes del Distrito Federal a John Gray, del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Vanderbilt.

“Las campañas de contraste y las negativas, inclusive, son un signo de competitividad entre los partidos políticos y que proporcionan información relevante y sustancial a los electores antes de ir a las urnas”.

En 2007, el Congreso mexicano limitó esta posibilidad. Un año antes, la propaganda en la cual se le comparó a López Obrador con Hugo Chávez y en la que se dijo que era “un peligro para México” giró los resultados a favor del hoy presidente Felipe Calderón.

En su segundo intento, López Obrador arrancó una campaña “amorosa”, de no agresión-y de propuestas, pero las encuestas lo mantienen en tercer sitio, por detrás de Peña Nieto y Vázquez Mota, en primer y segundo puesto respectivamente.

A pesar de las limitaciones, partidarios de los candidatos han encontrado espacios para hacer leña al contrincante.

El aspirante de Compromiso por México fue duramente criticado en las redes sociales cuando en la feria del libro de Guadalajara no pudo mencionar tres autores y sus títulos correctamente y por declarar en una entrevista que no sabía el precio de la tortilla porque no era “la señora de la casa”.

La candidata panista también ha sido blanco de suspicacias por su salud, aún cuando tuvo un mareo por el temblor de 6.0 grados en la escala de Richter que ocurrió durante un acto público donde presentaba su agenda de seguridad, y cuyo discurso tuvo que dar sentada para no caer.

Situación similar vivió López Obrador cuando declaró que “se sentía cansado” y que ya no tenía la misma energía de 2006.

Personalmente o a través de spots los presidenciables están acotados para atacar por lo que han optado hacer señalamientos indirectos.

En sus espacios de radio y televisión Vázquez Mota dice que encarcelará a políticos y que “no pactará” con el crimen organizado en referencia intangible a los presuntos pactos de los gobernadores de algunos estados donde gobierna el PRI.

Enrique Peña, con cámara al frente, va de Veracruz a Jalisco; de Nuevo León a Quintana Roo -entidades con alta presencia del narcotráfico- para prometer “recuperar la seguridad”, en alusión a la violencia desatada por la lucha frontal del crimen organizado.