Washington Heights tiene su propio coro de ángeles

En las misas de diez y mediodía será la primera vez que canten en armonía con los adultos y el piano; pero también interpretarán con campanas el aleluya de Victoria, la pieza del famoso compositor Pierluigi de Palestrina que celebra la resurrección de Jesucristo.
Washington Heights tiene su propio coro de ángeles
Integrantes del coro de niños de Washington Heights que se presentarán mañana domingo en la Iglesia de Santa Cruz.
Foto: Carolina Ledezma / EDLP

Manhattan – Una docena de ángeles se unirán este domingo al coro de la Iglesia de Santa Cruz, en Washington Heights. En las misas de diez y mediodía será la primera vez que canten en armonía con los adultos y el piano; pero también interpretarán con campanas el aleluya de Victoria, la pieza del famoso compositor Pierluigi de Palestrina que celebra la resurrección de Jesucristo.

Será la prueba de fuego para estos chiquillos –en su mayoría hispanos– que están aprendiendo a leer música mucho antes de ser alfabetos. Samantha Campos, de cinco años, y Leslie Chávez, de siete, son dos de estas estrellas en formación.

Samantha es una de las más pequeñas del grupo, pero no por eso la menos dedicada. Su madre, Ivonne Gómez, de 22, cuenta que en casa ella siempre entona las canciones de la iglesia.

“Yo le digo que me dé un comercial porque no para”, dice bromeando. “Yo siento que ella aquí aprende más que en el prescolar donde está”, agrega la joven dominicana.

El coro es sólo una parte del programa gratuito de arte, música y tareas dirigidas de la iglesia de Santa Cruz, el cual está abierto a todas las personas, sin importar la religión.

“El progreso de Leslie ha sido increíble”, cuenta Yojani Rodríguez, dominicana de 34. Su hija fue una de las primeras integrantes del grupo. Leslie tuvo problemas para adaptarse a su escuela.

“Pero desde que está en el programa es una alumna excelente y en clases es más tranquila y feliz”, relata su madre quien de joven también cantaba en el coro de su escuela.

De ojos brillantes y gran sonrisa, Leslie asiente con la cabeza y dice que le fascina pintar y tocar el piano y el flautín (recorder) tanto como las matemáticas.

La directora del programa, Loraine Enlow, de 39, cree que la perseverancia puede derribar cualquier barrera idiomática. Sin dominar el español, su pasión por la música y el arte vale más que las palabras.

“El único requisito aquí es querer participar”, apunta la docente graduada en el New England Conservatory of Music.

Usando el programa de enseñanza Voice for Life, de la Royal School of Music, ella poco a poco ha transformado la vida de estos niños de entre 4 y 8 años, que ahora reconocen la Pasión según San Mateo, de J.S. Bach, más rápido que un merengue.

“Comencé con cuatro niños y ahora somos 14”, dice. Una subvención reciente le permitirá aumentar las plazas a 24, así como dotar mejor el espacio donde sus alumnos aprenden más que a leer notas musicales.

El entrenamiento musical incluye aprender a usar la voz, pero también la postura correcta y evitar el miedo escénico. También se les enseña a tocar instrumentos como las campanas, el piano y la flauta.

“El canto coral implica descubrir tu voz, pero también trabajar en equipo y ser creativos sin usar tu cuerpo”, explica la instructora.

Cuatro días a la semana, los chicos aprenden de Mozart, pero también de Van Gogh, Monet y Matisse. “Cada día reciben algo diferente y divertido”. La clase se divide en grupos que se alternan durante la tarde: unos practican canto y música, otros danza o actuación o hacen las tareas.

“Tuvimos que extender el horario hasta las seis de la tarde, porque muchos padres no tienen tiempo de hacer tareas con sus hijos o no los pueden ayudar porque no hablan inglés”, lo que revela la importancia de una iniciativa así en una comunidad como Washington Heights.

Enlow recibe señales de éxito cada día. Cuando sus alumnos le dicen “maestra, mi edificio tiene columnas” después de una clase de arquitectura, o cuando logran una nota perfecta son indicadores de que están trasladando a su mundo lo que aprenden en clase.

“Es entrenar para la vida”, dice citando una frase del papa Benedicto XVI.