Gasolina ‘a la europea’

Guía de Regalos

Hoy en día, cada vez que vamos a llenar el tanque de gasolina de nuestros carros, nos damos cuenta de lo caro que está el combustible y que su precio continúa en aumento. Desde que el presidente Obama asumió su mandato, el costo de la gasolina se ha disparado, desde aproximadamente $2 dólares en el 2009 a $3.58 dólares en el presente, en el ámbito nacional; es decir, un aumento de 74%.

Esto tiene por supuesto un impacto muy serio para las familias trabajadoras, las cuales ya manejan un presupuesto apretado. Tristemente, no solo van a tener que pagar más por la gasolina de sus carros, sino también por muchos bienes y servicios básicos cuya producción depende de la industria del transporte.

Más aún, los altos costos del combustible también tienen un terrible impacto en la economía. Si la gente gasta más en gasolina, tendrá menos dinero para cubrir sus necesidades básicas y para ir al cine y a restaurantes y para comprar en tiendas; en fin, tendrá menos dinero para invertir en la economía, lo que significa que está seguirá estancada y generando pocos empleos.

Muchos dirán que esto no es culpa del presidente Obama; que el petróleo es una comodidad global cuyo precio varía dependiendo de un sinnúmero de factores que están fuera de las manos del Gobierno de los Estados Unidos. Apuntan a la inestabilidad política en el medio oriente, particularmente la amenaza nuclear de Irán, un importante productor de petróleo, el gran aumento en la demanda por el crudo en países como China e India, más las decisiones de los especuladores en Wall Street, como posibles razones para el descomunal aumento en los precios del petróleo.

Sin lugar a dudas, en un mercado global, hay una variedad de eventos que impactan el precio de un producto, pero decir que los Estados Unidos no puede hacer absolutamente nada para controlar el costo del crudo, por lo menos, en su mercado nacional, me parece errado, especialmente considerando las abundantes reservas de petróleo que existen en este país que no han sido explotadas.

Este presidente pudo haber tomado acción una vez comenzada su administración para expandir la exploración y producción petrolera en los Estados Unidos para aumentar la oferta local y así mantener bajos los precios de la gasolina, pero sencillamente se cruzó de brazos.

Aunque el presidente dice que su política energética se basa en una estrategia de “todas las anteriores” que supuestamente busca promover todas las posibles fuentes de energía, desde las fósiles a las alternativas, como la solar y la eólica, la realidad es que se han enfocado casi exclusivamente a desarrollar la “energía verde” a expensas de la perforación petrolera.

Que quede claro: no tengo ningún problema en que se dediquen recursos para desarrollar nuevas tecnologías energéticas que nos hagan menos dependientes de las fuentes convencionales de energía. Creo que es imperativo que continuemos fomentando la investigación en tecnologías innovadoras como la energía de hidrógeno y los bio-combustibles. Debemos reconocer, no obstante, que no vamos a poder contar con estas nuevas tecnologías de la noche a la mañana. Por lo que es esencial que en el futuro inmediato continuemos dándole prioridad al petróleo.

El Presidente, sin embargo, consistentemente se ha opuesto a expandir la perforación en zonas costeras, en el Ártico y en otros terrenos federales que contienen enormes depósitos de petróleo. Según un reciente estudio del Instituto de Investigación Energética, la cantidad de crudo que es técnicamente recuperable en los Estados Unidos es de más de 1,400 millones de barriles. La administración también se ha opuesto a la construcción del oleoducto Keystone que podría traer hasta 830 mil barriles de petróleo canadiense.

La Casa Blanca dice que estas críticas son falsas pues la producción petrolera está a su más alto nivel en ocho años. Pero hay que aclarar que este aumento se debe a mayor producción en terrenos privados en Alaska, Dakota del Norte, y Texas y no a decisiones de esta administración. De hecho, la producción en terrenos del gobierno federal disminuyó del 2010 al 2011.Curiosamente, el secretario de Energía de Obama, Steven Chu, en el 2008, antes de ocupar su puesto, había dicho que favorecía que los precios de la gasolina en los Estados Unidos llegaran al mismo nivel que los de Europa. En los países europeos el costo de la gasolina es prohibitivo. Lo preocupante es que el secretario Chu aparentemente no ha cambiado de opinión. En una reciente vista en la Cámara de Representantes admitió que el objetivo de la administración no es reducir los precios de la gasolina, sino reducir la dependencia en el petróleo. Y, aunque la administración, inmediatamente trató de explicarle a los medios que el secretario no quiso decir lo que dijo, la impresión quedó de que quizás la administración efectivamente quiere que los precios de la gasolina suban “a la europea” –irrespectivamente de lo que nos cueste a nosotros en la bomba de gasolina- para incentivar el desarrollo de tecnologías alternativas y, de paso, así también complacer a los grupos ambientalistas, que constituyen un grupo político clave para la campaña de reelección del presidente.

En definitiva, el Presidente no puede lavarse las manos de esta crisis. Si hubiera promovido la perforación petrolera pro-activamente desde el primer día de su mandato, dudosamente estaríamos en esta situación. Lamentablemente, ahora estamos todos pagando, en literalidad, por su falta de liderazgo y acción.