Un caso de identidad confusa

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Un caso de identidad confusa

Cuatro futbolistas, un argentino rubio, un francés árabe, un alemán blanco y un brasileño negro, están enfrascados en una discusión mientras beben cervezas al tiempo en una taberna londinense. Todos juegan en el mismo equipo de fútbol inglés. “Lo que pasa es que nosotros, los jugadores latinos”, dice el argentino poniéndole la mano en el hombro al brasileño, “jugamos con más pasión”. El francés, chocando su vaso con el alemán, responde, “Pero nosotros, los europeos, jugamos con más técnica”.

No sé cómo termina la discusión sobre estilos deportivos y geografía, pero no viene al caso aquí. Siempre uso esta viñeta cada vez que me toca discutir si somos hispanos o latinos, y si esos términos existen o no en América Latina.

Esta es una discusión que lleva más de 40 años sin resolverse y sobre la que he escrito en este espacio con anterioridad. Ahora con el caso de George Zimmerman, acusado de matar al joven afro-americano Trayvon Martin y a quien la policía de la Florida ha identificado como “blanco hispano”, el tema de las etiquetas raciales de identidad vuelve a la primera plana.

Sostengo que el término “latino” es correcto para definir a latinoamericanos en conjunto, al igual que “europeo” define un grupo variado. Aunque “hispano” es correcto, no incluye a los brasileños, quienes son latinoamericanos, pero no hispanoamericanos.

Una encuesta reciente de Pew Research Center sobre etiquetas de identidad muestra que el 51 por ciento de los latinos en Estados Unidos prefieren identificarse por la nacionalidad de la familia. Y así debe ser, pero cuando un mexicano, un dominicano, un chileno y un cubano están en un bar en Queens discutiendo, digamos, la temperatura de la bebida con un irlandés, seguramente que dirían, “nosotros los latinos preferimos la cerveza helada”.

El término “sombrilla” de latino o hispano facilita la identificación en común en esta sociedad multicultural y multiétnica, pero al mismo tiempo ha contribuido a la confusión sobre quienes somos. Diría que una mayoría de los norteamericanos piensan que hispano o latino es una raza y que pueden identificarnos por nuestra apariencia física, lo cual es un disparate. Hay latinos negros, blancos y de una infinidad de tonos canela. Hay hasta chinos latinos.

Esta es una de las razones por la que la policía en Florida utiliza el término “White Hispanic”. Con una alta tasa de cubanos blancos entre su población, podrían verse persiguiendo al sospechoso incorrecto si se guiaran solamente por el “estándar” popular de que como se supone que luce un hispano… sea cual fuere.

A muchos comentaristas latinos les ha sorprendido lo de “hispano blanco”. Algunos dicen que jamás habían visto esa descripción y piensan que es otro invento gringo para menospreciarnos o confundirnos.

Todo esto, añadido a la confusión que nosotros mismos creamos al llamar a los no-latinos blancos “Anglos,” aunque de anglo no tengan un pelo, como por ejemplo un polaco o un italiano, da un dolor de cabeza que no hay aspirina que lo salve.

Lo que sí está claro es que la policía y los operadores del 911, dejen de preguntar a quienes reporten un incidente, si el presunto malhechor es “blanco, negro o hispano”. De lo contrario, más tarde o más temprano, todos terminaremos en la cárcel o en la morgue.