El Concejal de la gente

Daniel Garodnick dijo que aprendió a hablar español mientras vivía en Ecuador

El Concejal de la gente
El Concejal Dan Garodnick, 40, del distrito 4, siempre está al frente de causas nobles. Ahora enfrenta un nuevo desafío postulándose como contralor de NYC.
Foto: Silvina Sterin Pensel

“Hola, mucho gusto, ¿cómo está? Disculpa la demora, estamos corriendo; hoy es un día con muchísimo trabajo.” El Concejal Daniel Garodnick saluda con un apretón de manos y sonríe. Hasta allí podría tratarse de un político más, pero hay algo en él muy genuino y su español, claro y de impecable pronunciación, no ha sido recién aprendido y ensayado para la ocasión. Adelantándose a la pregunta, se apura y elimina las dudas. “En Nueva York tengo muchas oportunidades de practicarlo pero lo aprendí cuando viví en Ecuador”, señala.

“En ese entonces pensé que había tenido mala suerte porque la universidad donde iba a estudiar leyes no me admitía ese mismo año, si no el siguiente. Decidí tomarme un sabático y viajar a Ecuador. Allí, tuve la fortuna de experimentar la ciudad en Quito, y la selva, en Bosque Nublado, una zona de la Amazonia. Fue increíble”.

Un poco intimidado, sigue la conversación en inglés pero cuando el deber se lo dicta, vuelven a fluirle palabras y frases que creyó tener olvidadas. Fue el caso hace poco cuando el Concejal Garodnick o Dan, como lo llaman muchos, participó de una manifestación en contra del cierre del programa Stanley Isaacs Beacon que provee actividades a cientos de niños, jóvenes y adultos del Upper East Side y de Spanish Harlem y que el Alcalde Bloomberg planea eliminar a partir del 1ro de Julio.

En aquella protesta, rodeado de madres hispanas con cara de preocupación –unos 1,300 chicos se benefician con el programa que provee inglés como segunda lengua, tutoría para aquellos estudiantes que requieren ayuda con ciertas materias, artes marciales, danza, salsa y hasta cursos de film donde los alumnos escriben, filman y editan sus propias películas- Dan aseguro estar haciendo lo posible por impedir que el plan del Alcalde siga su curso y porque el Beacon reciba nuevos fondos en el presupuesto para el año fiscal 2013.

En su oficina legislativa en el 250 de Broadway, frente a la Alcaldía, se mostró confiado. Desplegando una carta que él y otros funcionarios –incluido Scott Stringer, el Presidente del condado de Manhattan- enviaron a Bloomberg, el Concejal expresó que algo similar ocurre cada año. “En el Concejo la llamamos la danza presupuestaria”, dice irónico. “Antes que se firme finalmente el presupuesto, el Alcalde da un guadañazo y amenaza con cerrar bibliotecas, estaciones de bomberos y otras cosas realmente vitales. Es precisamente mi trabajo persuadirlo de que está cometiendo un error, como en este caso donde el Beacon ofrece un lugar seguro y un centro de aprendizaje y recreación para muchos chicos de hogares con ingresos muy por debajo de la línea de pobreza. Veremos”, agrega, “se tiene que resolver muy pronto y si no haremos más ruido, más protestas”.

Demócrata y liberal, es conocido por ponerse al frente de causas un tanto quijotescas como cuando en 2006 lideró a los vecinos de Stuyvesant Town y Peter Cooper Village para tratar de comprarle el gigantesco complejo a MetLife. La movida no resultó pero el concejal, quien nació, se crió y aún vive allí con su esposa en uno de los 11,232 apartamentos –en otro todavía viven sus padres– se hizo famoso como el adalid de los vecinos, en su mayoría gente modesta, de clase media, que lucha por mantener su vivienda frente a intereses corporativos que quieren terminar con las rentas estabilizadas.

“No me descorazono fácil”, sostiene. “Ahora estamos en la lucha de nuevo con la Asociación de Vecinos y nuestro plan es comprarle la propiedad a Tishman Speyer, el actual dueño”. Para el Concejal, los edificios ubicados entre las calles 14 y la 23, entre la Primera Avenida y el East River y, un emblema de Manhattan, tienen un significado especial. “Camino y veo mi niñez”, dice con cierta nostalgia. “Tengo muy fresco el recuerdo de mi vecino al otro lado del pasillo, un señor latino que me enseñó a jugar al Black Jack con pennies”, dice sonriendo. Y ahora es mi presente, allí nació mi hijo, Asher, hace 15 meses”.

Abogado, graduado en la Universidad de Pennsylvania, fue el primero de su familia en dedicarse a la política. “Mis padres se sorprendieron mucho cuando les dije que me presentaba a concejal y cuando gané no lo podían creer. Tenía 31 años”.

Desde el 2006 tiene a su cargo el distrito 4 que abarca desde downtown hasta la calle 97, en la zona este de la ciudad y ahora se anima a un nuevo desafío: contralor. “No muchos entienden qué significa este cargo al que me estoy postulando. Para mí es una inmejorable plataforma para defender el bolsillo de los neoyorquinos más vulnerables. Se trata de lograr que la salud fiscal de Nueva York esté en buen estado sin lastimar a los que menos tienen”. Con apenas 40 años, de ganar, sería uno de los tesoreros más jóvenes en la historia de NY y asegura que no hay de qué preocuparse, su forma de pensar y actuar, siempre del lado de los que menos tienen y más necesitan, será la misma. “Cambiaría de trabajo, no de ideología”.