Salud mental de latinos,un desafío para Estados Unidos

Joaquín Luna Lerma, de 18 años de edad, estudiante del último grado de preparatoria en la escuela Juárez Lincoln High School en Mission, Texas, quería ser ingeniero y tenía todo para serlo, incluidas varias becas completas ofrecidas por diversas universidades, pero su situación migratoria le impidió aceptarlas, así que optó por el suicidio.

Ese no es un caso aislado. Los latinos en Estados Unidos registran el índice más bajo de atención a la salud mental que cualquier otro grupo, y los diferentes estudios al respecto señalan que dichos programas no tienen buenos resultados en su acercamiento a los hispanos que requieren esos servicios [de salud mental].

Así lo señala la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales (National Alliance on Mental Illnes, NAMI), que en marzo de 2011 publicó el Informe Estatal sobre Cortes en Salud Mental: una Crisis Nacional, documentando que desde 2009 hasta 2011, los estados cortaron cerca de 2,000 millones de dólares en los presupuestos de servicios de salud mental.

Estos cortes, que cerraron hospitales, programas y servicios de salud mental, han tenido un impacto particularmente negativo entre los latinos, afroamericanos y personas de otros grupos étnicos minoritarios. El informe señala que dos tercios de los estados han cortado los servicios de salud mental en años recientes, y que empeorará la situación con más recortes en Medicaid, que es la fuente más importante de financiamiento para los servicios públicos de salud mental en Estados Unidos.

“Los servicios de salud mental en Estados Unidos están diseñados para las minorías de altos ingresos económicos, de mediana y alta escolaridad”, asegura Rubén García, antropólogo con base en San Francisco que trabaja con empleados de servicios de salud pública en San Francisco. “El sistema de salud mental de Estados Unidos está ausente entre las minorías étnicas del país, y la atención de trastornos emocionales y psicológicos está básicamente privatizada”.

En consecuencia, dice el antropólogo, “los latinos atienden sus padecimientos emocionales con curanderos, con el sacerdote de la iglesia, o con los amigos en los bares, en lugar de acudir con psicólogos y psiquiatras”, esto es, “miles de hispanos que sufren enfermedades mentales no reciben tratamiento profesional”.

Con notorias excepciones, los psicólogos y psiquiatras –incluidos los de origen hispano- no están preparados para atender a la población inmigrante que se enfrenta a diario con las tensiones derivadas de la inmigración, como las barreras del idioma, cultura, racismo y discriminación; así como a la acomodación cultural a un nuevo entorno económico, político y social

Según indicadores proporcionados por Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), los latinos son considerados un grupo de alto riesgo para la depresión, la ansiedad y el abuso de sustancias. Según los CDC, las mujeres y los latinos tienen más tendencia a experimentar un episodio de depresión clínica, depresión que es más alto en las mujeres latinas (el 46%) que en los hombres de la misma raza (19.6%).

Los estudios de los CDC encontraron que un 10.7% de jóvenes latinos han intentado suicidarse, comparados con un 7.3% de jóvenes de descendencia africana y un 6.3% de jóvenes blancos.

Por otro lado, los latinos no son un grupo homogéneo, pues marcan fuertes diferencias. Por ejemplo, hay más enfermedades mentales entre latinos que llevan más años viviendo en Estados Unidos, o que han nacido en este país, que entre inmigrantes latinos recientes.

Estudios similares concluyen que vivir en Estados Unidos a largo plazo aumenta considerablemente la tendencia a padecer de neurosis y desórdenes mentales serios, junto a un incremento notorio en el uso de alcohol y drogas prohibidas.

Para inicios del siglo 21 habían en Estados Unidos 30 psicólogos y psiquiatras por cada 100 mil hispanos. Menos de 1 para cada 20 inmigrantes latinos que utilizan servicios de especialistas en salud mental.

Los reportes revelan que pocos profesionales de salud mental hablan español o son latinos, y aún eso no es garantía de entendimiento con los pacientes, pues son psicólogos formados para atender la mentalidad y los padecimientos mentales de la clase media americana, lo que significa una tremenda carencia de profesionales culturalmente competentes.

Estudios también reportan que el 51% de los profesionales de salud mental caucásicos, piensan que sus escasos pacientes latinos no se adhieren a los tratamientos médicos como resultado de barreras culturales o lingüísticas. De ellos, el 56% dice no tener entrenamiento alguno para el entendimiento cultural con inmigrantes latinos.

“Es todo un desafío para Estados Unidos, especialmente en tiempos en que la industria médica se opuso a una Reforma al Sistema de Salud amplia que diera cobertura a las minorías étnicas; y en tiempos en que las consecuencias de las guerras y la crisis económica, alimentan sentimientos de xenofobia contra las comunidades latinas inmigrantes en Estados Unidos”, finalizó diciendo el antropólogo Rubén García.