Cáncer de piel

Mayo, mes de la detección y prevención

Mayo es el Mes de Concientización sobre el Cáncer de Piel, y hay muchas razones para que así sea, pues en Estados Unidos se dan por arriba de 3.5 millones de nuevos casos diagnosticados de cáncer en la piel, y 2.2 millones de personas en tratamiento cada año.

Es cierto que vivir en regiones del país como el sur de California, da el privilegio de “broncearse la piel” al aire libre durante la primavera y el verano, “pero es cierto también que la exposición prolongada a los rayos ultravioleta (UV) causa daños a la piel, de hecho el “bronceado” es seña inequívoca del daño causado por los rayos UV”, dice Fernando Montelongo, dermatólogo en el área de Los Ángeles.

Así lo indica también el Consejo Nacional sobre la Prevención del Cáncer de Piel, The National Council on Skin Cancer Prevention (NCSCP), que designó el viernes anterior al Memorial Day (que se celebra anualmente el último lunes del mes de mayo) como el “Día de no quemarse al sol”, para llamar la atención y crear conciencia sobre la protección solar y alertar a la población sobre proteger la piel al tomar el sol al aire libre.

“El cáncer de piel es el tipo de cáncer más común en Estados Unidos”, asevera Montelongo, y abunda sobre el punto: “los cáncer de la piel se han agrupado en dos categorías: melanomas y no-melanomas. Los cáncer no-melanomas más comunes son el carcinoma basocelular y el carcinoma espinocelular, que tienen altas probabilidades de curación. Pero el melanoma, el tercer cáncer más común, es muy peligroso”, advierte el dermatólogo miembro de NCSCP.

Cualquier persona puede llegar a tener cáncer de piel, dice Montelongo, “pero hay factores de riesgo que aumentan las probabilidades, como la piel clara, que suele ser más fotosensible” que los tonos oscuros de piel, pues aquella se quema más rápido, enrojece, le salen pecas y después de un rato bajo el sol se siente molesta, quemada y adolorida.

Los antecedentes familiares de melanoma cuentan mucho en la predisposición a contraer cáncer de piel, también quienes trabajan prolongadas horas diarias expuestos al sol, quienes tuvieron quemaduras de sol en la niñez u otros padecimientos dermatológicos que dejaron la piel sensible. En general, las personas con ojos claros y cabello natural rubio o pelirrojo, son más propensos a sentir los efectos del sol directamente en la piel.

Una ventaja del cáncer de la piel sobre otros tipos de cáncer, explica Montelongo, “es que el primero es mucho más fácil de detectar”. No es necesario un examen de laboratorio previo o visitar al médico para examinar la piel. Es recomendable empezar por el autochequeo, usando un espejo o con ayuda de la pareja o de un familiar que inspeccione zonas de la piel de difícil autoinspección, como la espalda. Es recomendable revisar las áreas más flexibles de la piel, como entre los dedos de las manos y de los pies, detrás del cuello y en las orejas.

Los lunares, por ejemplo, suelen lucir normales con un color y tamaño definidos, y apariencia redondeada. Si nota que sus lunares cambian de tamaño, forma o color, es tiempo de ver al dermatólogo. El cáncer de piel es curable en la mayoría de los casos -si se diagnostica a tiempo.

Entre los dermatólogos hay una fórmula de tres palabras para protegerse del sol, apuntó el dermatólogo Fernando Montelongo: “aplicar, cubrir y evitar”.

Aplique protector solar en su piel antes de exponerse al sol, principalmente las áreas que quedan descubiertas. Los médicos recomiendan usar protector solar con SPF 30 ó mayor y esparcirlo por toda la piel. Si va a nadar o suda en abundancia, aplique el protector solar repetidamente.

Cubra la piel usando prendas de manga larga y pantalones largos. Use sombreros o viseras de ala ancha, lentes de sol, zapatos que cubran los pies por completo y procure usar ropa de colores claros, confeccionada con telas de materiales orgánicos, frescos y gruesos que lo protegerán mejor contra el sol.

Evite la exposición directa y prolongada al sol. La mejor manera de reducir el riesgo es reducir, y de preferencia evitar la exposición directa al sol, especialmente sin haberse aplicado protección solar. Las horas en las cuales la radiación es más intensa y por lo tanto más peligrosa, especialmente en los días más calurosos del verano, son entre las 10:00 de la mañana y las 4:00 de la tarde.