Carlos Fuentes deja un vacío irreemplazable en la literatura

Guía de Regalos

Fue en la tarde del 15 de mayo cuando la noticia se regó como un gran tsunami efervescente. Se sacudieron las redes de comunicación social y periodística. Carlos Fuentes ha muerto a la edad de 83 años. Es indiscutible, su desaparición representa una pérdida enorme para la literatura latinoamericana y en general para la literatura mundial.

Fuentes tenía prácticamente ya todos los premios literarios importantes. Lo único que hacía falta -y que muchos creímos que ganaría, aún antes de Vargas Llosa- era el Nobel. Esos fueron reconocimientos a un escritor mexicano que junto a los nombres del propio Llosa, de Julio Cortazar, Juan Rulfo y Gabriel García Márquez, conformaron la emergente generación de fines de los años 50 e inicios de los 60 que nos legó el Boom Latinoamericano.

Las nuevas voces de la narrativa latinoamericana y en particular de México aceptan su legado y han reaccionado casi instantáneamente ante la noticia: “con Fuentes se muere el mayor novelista de México” ha subrayado.

La obra de Fuentes abrió brechas para una mejor comprensión social, cultural, antropológica y hasta mítica del México actual y de condiciones sobre América Latina. Ese sello respecto al abordaje de la realidad cotidiana se evidenció desde un inicio, con la novela “La Región más Transparente” (1958).

En la narrativa de Fuentes –ya sea en forma de novela o cuentos– encontramos una forma auténtica de cómo la literatura se plantea vinculada con el compromiso social y político. Una de sus mayores y permanentes preocupaciones fue la de encarar los fallidos intentos de una democracia moderna en México y en toda Latinoamérica. Sus cuestionamientos literarios enfatizaron condicionantes económicas que no siempre corren con dinamismo, en pro de un desarrollo equitativo en lo social, sostenible en lo productivo y sustentable en lo ecológico.

El crítico literario Christopher Domínguez considera que el logro notable, de lo que llama “el gran Fuentes”, es la novela “Terra Nostra” (1975). Esta obra sería una contribución a la literatura universal, como lo han sido “Conversaciones en la Catedral” de Vargas Llosa, “Rayuela” de Julio Cortazar y “Cien Años de Soledad” de Gabriel García Márquez.

Fuentes no dejó de auscultar, en lo que Robert Campbell llamaría el “poder del mito”. Lo valorativo, lo real, lo ficticio, anímico y sobrenatural en la cultura de México y Latinoamérica.

Paz a los restos de Carlos Fuentes. Su obra es una referencia indiscutida, un aporte de genuina calidad mexicana y latinoamericana, a la narrativa universal.